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"Irse de la ciudad es fácil. Basta con apretar los dientes y encomendarse a los trenes que hienden la noche".

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Nubes, claros... y lluvia en el Día C.

Publicado en: http://www.adaspirant.com/articulos.php#58

 

El viernes pasado se celebró el IV Día C (la C viene de creatividad/creativo, o a lo sumo de club, o de ambas juntas). Este 2007 se celebró en Sitges, Barcelona, adelantándose en el calendario respecto a la edición valenciana de 2006. No es preceptivo, pero aquello que se adelanta tiene papeletas para resultar prematuro, falto de preparación o mal conformado. La misma meteorología, aunque esto suele decirse a posteriori, fue un fiel reflejo de la jornada. Diré pues que creatividad aparte, fue un día de Contactos, de Cachondeo, de viejos Conocidos, de una gran Cena con muchas Copas, de largas Caminatas y también de Caos.

 

Pasadas las 10h., Julián López se subía al escenario. Para quienes no sabíamos quién era, se trataba de un inesperado presentador de última hora –así se presento- que poco a poco intentaba ganarse al público con un monólogo estirado en aquel desangelado palacio de congresos. El lugar, al menos a esas horas, se quedaba grande para una voz timorata a la que, más por el vacío que por la frecuencia del micrófono, casi le copiaba el eco. Para muchos, el día C había comenzado de víspera y no amanecerían aún en un buen rato. De todas formas, o en la edición pasada perdí el sentido del humor, o el señor López eligió lo peor del repertorio.

 

A Murray Hardy, planner de la norteamericana Fallon, le tocó bailar con la más fea, porque precisamente no creo que el gusto por madrugadar, la estrategia y el inglés sean el común denominador de los creativos españoles. No obstante, la sola exposición del caso de Holiday Inn Express mereció la asistencia.

 

Una nueva ración de monólogos descafeinados dieron pie al debate, coloquio o la mesa menos redonda que muchos hemos visto nunca. Y no era una simple cuestión de terminología, por mucho que el mobiliario se redujera a tres canapés y un par de mesas cuadradas. Los participantes aparecían con cuentagotas. El moderador, más que de tal, ejerció de guardia de tráfico en una mañana de domingo, pues los contertulios llevaron a cabo un casi impecable turno pacífico de partidos y le devolvían la palabra de manera casi embarazosa. La mesa sólo se animaba por las intervenciones de Hristo Mejide en su papel de disidente casi sistemático, según dicen los que lo siguen. Yo había oído que este hombre tenía tan poco de comedido como de tonto. Y, la verdad sea dicha, cuando se puso en su papel de creativo –es decir, se decidió por entrar en el debate- fue cuando hizo las aportaciones de interés, ya sea para echar balones fuera, arguyendo la poca libertad del creativo para siquiera manipular la sociedad, tal y como se le acusa normalmente, con lo que pasó la piedra al tejado del cliente.

 

Destacaron las sabias aportaciones de Juan Cruz o López Blasco, o los lapsus de José Ángel Mañas, que también se apuntaba así a la tónica del día, mientras a la pobre Verónica Blume se le atribuía una identidad errónea. El ‘recadito’ de José Luis Esteo a los jóvenes hooligans del tren fue de lo mejor, pues supongo que se les cayó la cara de vergüenza al verse descubiertos por uno de los “padres” de un sector tan culpado de soberbia. Completaban la mesa Mario Esteban Ruiz, presidente del Consejo Superior de la Juventud y uno de los más lúcidos, y un becario de planner y alumno de la M.A.S., representando a nuestro amplio sector principiante. En definitiva, variedad de opiniones para demasiados temas, pues apenas nadie se ciñó al verdadero asunto del acto central, que no era otro que la juventud en la publicidad.

Aún hubo otra conferencia antes de la comida, pero servidor tuvo que ausentarse para cubrir a dos neopordioseros que limosneaban frente al vestíbulo para poder estudiar en tenemosunplan.com .

 

Los estómagos llenos eran una buena excusa para escuchar a José Mollá, cofundador de la red La Comunidad. Sin duda, la conferencia más transparente, ecológica y catártica de todas, un rayo de esperanza para la solidaridad y los principios que la creatividad no tiene por qué dejar atrás, abanderados por la verdad. Lástima la puesta en escena –demasiada lectura-, pero tal vez fue el discurso que más se supo acercar a la cabeza de cualquier joven presente.

 

Por último, Nizan Guanães: el Gordo y el Flaco, ambos al mismo tiempo, el creativo premiado y el estratega antipremios, el día y la noche... El fundador y director de África fue un verdadero predicador desde mucho antes de proferir aquellos tres estridentes “aleluyas” que sonaron a sumo sacerdote del marketing. Un discurso que hundía el dedo en la llaga del ego creativo y lo retorcía a base de pruebas fehacientes que demostraban la supremacía de la lógica, el estudio exhaustivo y la estrategia. Una cura de humildad para los creativos, una agria política de oposición que parecía convertir el vitalismo de Mollá en mera ingenuidad. Lástima que a Guanães le falló su propia presentación, cosas de la tecnología, y sus modales se perdieron como los bytes cuando la entera encargada del Powerpoint intentaba excusarle de su falta de previsión y de su extrema celeridad. El señor Guanães se disculpó ante el público, se dio un balsámico baño de multitudes y corrió para no perder su avión. El auditorio quedó sumido en el amargor más juvenil, el de la duda entre un hippie consecuente y un capitalista implacable.

 

El orden del día anunciaba la entrega de premios. Lo mejor, el premio honorífico a la carrera de Luis Casadevall y Salvador Pedreño, el momento más emotivo del día. Los abrazos en el escenario entre presentadores y homenajeados se prolongaron casi tanto como el aplauso del público, puesto en pie.

 

Los galardones, a modo de protesta muy pacífica, no me merecen más que un par de líneas. Con su política de 1-10-0 (un oro, platas por doquier... ¿y qué hay de los bronces?) así como los interminables pases íntegros del “Amo a Laura” por cada categoría a la que se presentaba, parecieron una broma de mal gusto y terminaron por desesperar al respetable. Quizás es que no nos hemos enterado de la política de premios.

 

Sólo quedaba la fiesta. L’Hemisféric valenciano había puesto el listón demasiado alto, pero el local acondicionado en Sitges dio la talla, salvo por la escasez de algunas bebidas “básicas” y un toque de queda inesperadamente temprano. Fue el momento de muchos para “hacer campaña”. La noche continuó hasta altas horas en los locales del centro de Sitges.

 

Pese a todo, debo decir a favor de la organización que todos los peros no fueron suficientes para estropear un Día C cuya simple mención ya pide un bolígrafo para marcar el calendario de 2008.

P. Z. P.

Y hoy, una cita de un reportaje de C33:

"Consiste en coger una canción y sacarle lo máximo. Después, hacer que llegue al máximo de público con las herramientas disponibles".

A veces, el primer paso, simplemente se olvida. Definición de música, o algo así. Por Elvis Costello.

22/03/2007 22:14

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