==/EntrelasvíaS/==

"Irse de la ciudad es fácil. Basta con apretar los dientes y encomendarse a los trenes que hienden la noche".

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Sohee

Es infinito el número de cruces visuales, verbales o simplemente alusiones mentales que hacemos entre las personas que compartimos un espacio, llámese ciudad. De chico, una vez me preguntaron sobre qué era el mundo para mí. Y yo respondí que era como un gigante árbol genealógico con infinitas ramificaciones bocetadas que se iban rotulando y remarcando al ritmo de las elecciones que cada persona hiciera. Mientras descargaba mi respuesta me daba cuenta que no era así como me lo imaginaba, no veía en una forma física ni me imaginaba árbol alguno por ningún lado, ni por transparente que fuera. No sabía a ciencia cierta por qué decía aquello, en cierta forma estaba mintiendo. Pero imaginaba que en algún lugar entre bambalinas existía un gran esquema, un mapa conceptual bidimensional, una gran ecuación con las variables de la geografía y la historia mundial. La primera daba vueltas sobre el eje terrestre, era finita para el mundo, pero la segunda se extendía hacia el pasado casi infinito.

Ya entonces me intrigaban las casualidades. Pensaba en la cantidad de ramificaciones que iban a marcar caminos aproximados sobre la faz de la Tierra, pero que quizás nunca se encontraran. Imaginemos que al cabo de años de conocer a alguien, en una ciudad a 5.000 kilómetros del encuentro, esa persona entra al bar contiguo al que estás tú. Luego tú sales y pasas frente a su bar, y cuando él sale se aleja de nuevo para volver a aquellos 5.000 kilómetros, o más. Hay algo de terrible en esto.

Desde entonces, me han pasado innumerables casos. Mis conocidos se asombran ante los relatos y aparentan entrar en cuentos de hadas en los que yo parezco ausente, o al menos ausente de conciencia. Yo lo atribuyo mayormente a que me muevo mucho, porque la tipología de estas casualidades es más espacial que temporal, pero no faltan momentos en que uno tiene la impresión de ser un Truman en su propio show.

Las coincidencias en el día a día con mi amigo José, las siete veces que saqué el siete de oros en una noche blanca y helada junto a la estufa de la casa de Otxandio, Marta, la chica del metro de Barcelona de los tres encuentros y su propia historia pareja, el triángulo que cerré al llegar la DF con mi conexión argentina, que luego fue aumentando para ser un polígono difuso, las visitas al WTC, a Praga y a Budapest, justo antes de cada desastre, las dos matrículas de coche que decidí no comprar y que luego encontré en plena calle los dos días siguientes; y por el contrario, los interminables robos de cámara. Soy demasiado racional para atribuciones arbitrarias, pero no me gusta pensar que todo tiene explicación. Quizás a la casualidad hay que buscarla, como a la suerte, pero a partir de allí, suerte es.

El viernes pasado, aquel salón estaba por cerrar. Mientras mi amigo bailaba, como podía, con la borrachera y con el sueño, algo brilló en la moqueta entre sus pies. Me acerqué y pronto sospeché de aquello. Me sucede que imagino muy pronto los subacontecimientos que se producen en la ciudad e interpreto que han sido puros caprichos del azar, pro precisamente porque todos son posibles, precisamente no me sorprenden. Pese a que nunca me había ocurrido, sabía que estaba por levantar una fotografía de carné pisoteada. ¿Qué hacía allí? Era una bonita cara oriental que se veía grotescamente ninguneada por las huellas. Se había perdido a más de 15.000 kilómetros de su casa, alguien la había dejado caer cuando ella estaba ausente y no podía percatarse. Pero le daba igual. Intentaba mantener toda su dignidad. Y a mis ojos, la mantiene.¿Por qué no era una chica común? Es imposible dejar de interpretar. La historia era bonita y por algo la chica tenía que ser bonita para que yo siga imaginando. Pero bien lejos, bien imposible, si no nada tendría sentido. Me pregunto quién la habrá perdido. Quizás el fin de la carambola era que esa noche yo imaginara y las cosas se dieron así.

Hay eventos que suceden porque hay muchas variantes y alguna debe suceder, pero hay otros sucesos que se antojan demasiado expresivos, que parecen ocultar un mensaje demasiado grande como para no ser parte e una película de esas en que la vida se nos revela fuera de lo que la rutina nos plantea como posibles probables.


Foto en: http://deocaenoca.wordpress.com/2007/11/13/sohee/
13/11/2007 04:01 Autor: entrelasvias. Enlace permanente.

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Autor: Viajero Nocturno

Hermoso.
A veces cuando vuelvo a casa tomo un camino distinto al habitual, sólo para encontrarme cara a cara con gente que sé que no debería haber visto nunca y sé que nunca mas lo haré.
La casualidad es una sutil mezcla de atención y matemáticas..

Fecha: 15/08/2008 14:25.


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