==/EntrelasvíaS/==

"Irse de la ciudad es fácil. Basta con apretar los dientes y encomendarse a los trenes que hienden la noche".

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16/06/2005

El regreso

"Apenas nada ha cambiado como yo creía en Vitoria". La respuesta a la pregunta que cabría es obvia. "He cambiado yo". Después de unas horas, desde mi entrada a la ciudad hasta ahora que estoy por irme a la cama, todo ha sido raro, no podía ser de otra forma. Pero lo singular está en lo cotidiano que sigue siendo el pasear por la ciudad. La misma calma de antes amoldada por un par de nuevos edificios, nada importante. Por lo demás, el TAU está en la final liguera -ya va siendo costumbre- y el Alavés acaba de disfrutar los festejos del ascenso a Primera, lo que sí hubiera sido un punto de inflexión en una llegada anticipada. Sin embargo, para tratarse de una celebración, parece que tuvo demasiada distensión.

Por mi parte, hoy me apesadumbra salir a la calle a la expectativa de encontrarme con los primeros conocidos, algo harto difícil allá, y tratar de resumir doscientos cincuenta días de la forma menos insulsa achacado por el cansancio del viaje recién concluido. Las voces más castizas del español me resultan incluso feas. Mas yo ya hablo de forma diferente, un híbrido entre el neolunfardo de un porteño temporal y un castellano de derecho en vías de ser recuperado, entre el deseo de normalizarme y la reacción al cambio brusco. No tengo la necesidad de hacerme entender con los neologismos australes, como allí ocurría para agilizar conversaciones, pero es una clara muestra de la sensación de extrañeza de todo lo dejado al otro lado, que no ha tardado en aflorar. Argentina goza de una variedad para mí inaudita de términos para pronunciarse, al margen de ciertas incorrecciones, y de la sobreabundancia de anglicismos que para un ibérico chirría en el oído. Además, ayuda a uno mismo a hacer autocrítica, pues no siempre son ellos los que abusan de estos términos y no siempre sus variantes (variantes, desde nuestro punto de vista) son las menos lógicas. Allí son especialmente críticos con la paternidad del lenguaje de la madre patria. Y a pesar del diccionario panhispánico.

Siempre fui de ciudad chica, pero ahora temo no volver a serlo más. Pasé mi vida entre Vitoria y Pamplona, con varios viajes al extranjero en los que prefería los pueblitos pequeños a las grandes ciudades que uno no sabe ni cómo ni por dónde abordar. Mi adaptación a la gran metrópoli fue cosa de no pocos meses, con su ritmo trepidante, sus bocinazos, su olor a nafta y a gas, y el puteo grave y constante del argentino -diría- medio, que no es sino el malhablar que nosotros decimos. Hoy, después de varios meses, podía intuir esta llegada a Vitoria, pero nunca la hubiera imaginado con demasiado acierto. Ansío salir de fiesta por mis calles, ver a todos los amigos juntos, ser uno de cientos gloriosos en Mendizorroza. Pero he caído en miércoles, en plenos exámenes de junio y sin ideas acerca de mi futuro, o precisamente rebosante de ideas pero falto de decisiones. Creo que estoy sufriendo una suerte de shock cultural de mi propia casa. Hoy extraño. Mas aún es pronto. Veamos cómo sigue.

27/05/2005

La Vela que más dura

velap.jpgÉramos seis amigos y amigos de amigos con entradas para el concierto de esta noche. Esta vez, tocaba La Vela Puerca. En la puerta del estadio, a punto de empezar, sólo estábamos dos, Diego y yo, con cuatro de esas seis entradas. Arduo trabajo comunicarse en Buenos Aires, la ciudad más cercana y lejana del mundo.

Después de una reventa bastante desafortunada, lo absurdo de la cacheada con zapatillas en mano incluídas en la que se olvidan revisar los bolsillos, comenzamos a disfrutar del ambiente y de las primeras trompetas que abren el show de La Vela. La tribu que sigue a los charrúas se presentaba acorde con su música, mucho más fiestera y colorida, mucho más desenfadada que la de Almafuerte, el último concierto que vi antes, pero con una veneración pareja. Se veían muchos pendejos, pero menos de lo que hubiera esperado, había papás con casi bebitos al hombro que a duras penas zafaban del oleaje humano prácticamente continuo, y muchas banderas uruguayas y remeras del Bolso o de Peñarol. En una hermandad más reivindicada por los rioplatenses del sur que por los del norte, Chile se llevaba la peor parte de los cánticos. Un ambiente previo que se calentaba a fuego lento, pero bien cocido...

A los veinte minutos de concierto ya vivíamos de lleno lo agridulce de la noche, con la llegada de las canciones que más tocan la vena, y sobre todo con la aparición del violinista, los folclóricos o el gaitero; lo agrio del momento era una incómoda sensación prematura de cansancio, calor desorbitado y apretamiento inhumano, sed, dolor de piernas y riñones por la postura y esporádicamente extra a causa de un golpe en algún salto. No era la mejor situación para vivir el concierto más largo de una vida para una sola banda. Y es que Esteban y su casi orquesta, emocionados ante un Obras repleto, decidían extender su rock-folk-ska más allá de lo que Diego pudo soportar. Es de admirar su dedicación al público, pero seguro hubo alguien más grato que nosotros. Terminaban dos horas y cuarenta minutos después.

Al salir los dos, con mi remera celeste casi para escurrir y caminando cual autos al desguace, aparece de un salto Martín con toda la energía que nosotros habíamos dejado dentro. "Boludo, no me llamás..."; "llamé a tu madre, a tu hermana, a tu celular, toda la tarde, qué querés..."; "sos gil, llamame antes de entrar". Cuando el cruce de "putiadas" amaina, Martín y su amigo "Chori" nos relatan cómo se las han arreglado sin entrada. Ciertamente era para contarlo: no queriendo juntar sesenta pesos para dos de las últimas plateas -lo caro siempre es lo que queda- Chori decide chamuyar al vendedor de los pebetes. Éste los aleja una cuadra y a cambio de una propina les presta su carrito de los bocadillos. Y así vuelven, haciendo de pancheros, y conduciendo los dos delante del hombre se han colado -y sentado- en las mejores de todas las localidades.
27/05/2005 05:25 Enlace permanente. Tema: Crónicas de Bs. Aires No hay comentarios. Comentar.

24/05/2005

Rumiando la cuenta atrás

perro_racing.jpgNo podía creerlo. Me encontraba rodeado de maletas y pasajeros, pero mis amigos ya estaban allí a mi alrededor. Todos, incluso Edu, que llegaba directo desde Buenos Aires. ¿Buenos Aires? El hijo de puta había estado allí todo el año, y ni siquiera se había dignado a avisarme. Y encima, directito a Barajas, con la pachorra de siempre, yo había sufrido una eterna escala en Río. Algo había en mí que me llenaba de ira... ¿qué hacía yo, de vuelta, entre gente que hablaba español castizo? Hacía memoria, y no lograba ubicar en el tiempo una serie de cosas que tenía pendientes y que deberían haber sucedido. Ni siquiera me acordaba de la despedida de Diego, Agus y los demás; no había comprado los químicos, ni los filtros para las fotos, qué bronca la mía... Veamos. Se me ocurre mirar el reloj, es veintipico de mayo, qué carajo... ¿y ese medio junio?

Menos mal que desperté. El alivio fue grande esta mañana, cuando abrí los ojos y la luz invadía el salón que se levantaba sobre mí. El estudio, la televisión, yo estaba en el suelo de siempre, mi colchón, mi rincón. Y sí, era 23 de mayo. Podía haber sido un sueño de añoranza, de deseo, un dulce sueño... por supuesto que extraño mi ciudad; pero era extrañeza, yo flotaba en el tiempo, sucedía algo fuera de lugar, algo estaba incómodamente inacabado.
Ha cambiado mi forma de vivir Buenos Aires, y creo que no definitivamente, sino que aún estoy en pleno proceso, y que durará hasta el final. El caso es que todo progresa, se proyecta geométricamente. Vivo con ansiedad permanente, en una cuenta regresiva en la que los días se esfuman y las tareas que tengo pendientes se incrementan, pero esa ansiedad coexiste con la rutina adquirida a lo largo de los meses: es una sensación afín a lo que se siente cuando se acerca un examen, uno toma cada vez más conciencia de la fecha, pero es una actitud proactiva y pasiva al mismo tiempo, es como un ejercicio mental previo a ponerse en marcha. Bajando a la tierra, esta actitud mía consiste en leer, pasar tiempo en internet o disfrutar de mi alrededor cercano. Pero hoy he dado un paso, el de imprimir un calendario y una lista de deberes por hacer, lugares, cosas, personas por visitar, por comprar, por fotografiar, por despedirme.
Si bien ya comencé hace unos días a moverme, no tengo esa sensación ya que la lista crece irreversiblemente. Este fin de semana he conocido a mucha gente nueva, cada una muy distinta y con diferentes propuestas. Supongo que es ley de vida, pero todo esto me lleva a pensar verdaderamente cuando alguien me pregunta sobre una próxima visita a Argentina. Hasta no hace mucho enunciaba un quizás amable, reflejo, vacío, escapista. Tan grande es el mundo que vaya usted a saber, hubiera querido responder. Ahora, me temo que el país va a ser tan "espina clavada" como lo fue desde que se me antojó por primera vez cruzar hasta aquí, allá por 2001. Y no sé si quiero que se me pase esa sensación para vivir en paz o si no para disfrutarlo de nuevo.

Dentro de tres semanas me despertará mi madre. Ya no apagaré la luz temiendo que a María le dé algo de verme despierto al irse a trabajar, ni me pondré en pie para que cuando vuelva no se escandalice de verme amanecer a la hora de comer; no habrá nueces alargadas del Tigre ni esas naranjas jugosas, no me sentiré mal porque María me reta (riñe) cuando me ve fregar mis platos ("tú los manchas, yo los limpio", "habiendo mujeres en casa, tú no vas a hacer nada"...); no tendré que enchufar la pecera llena de musgo de la terraza para que respire el pez que nunca pude ver; no tendré ninguna anciana casi octogenaria para alegrarle los días con mi sola presencia.
María es una gallega emigrada que trabaja limpiando el mismo hotel desde hace treinta y seis años. A sus setenta y ocho, continúa haciendo camas porque "aquí con la pensión no llega" y porque "qué hago yo si no puedo ver todos los días a mis compañeras del trabajo". María es hiperactiva y joven a su edad, pero vive sola viendo la tele y visitando a dos vecinas amigas. Esporádicamente, su hijo Pablo aparece fugaz por la casa para recoger alguna cosa.

Hoy María no me ha dejado pasar la fregona al baño tras mi ducha, ha agarrado un trapo y lo ha secado haciendo brazo. Y no me ofrezca yo a limpiarlo sin insinuar que ella no puede hacerlo. Más me vale que me coma los plátanos que me ha comprado y la pizza que tengo armada en el horno. Pronto me di cuenta de que no tenía otra que rendirme y dejar que fuera ella quien se sintiera feliz de ayudar. Decidí darle conversación, a menudo contándole de España, decir qué rico está todo y preguntarle sobre su vida.

No tuve la disponibilidad propia ni la colaboración ajena necesarias para ofrecer mi tiempo en la ONG que pretendí. Las cosas han salido de una forma más que peculiar, pero siento que me iré del país habiendo cubierto al menos un poco de todos los frentes que tenía en mente cuando aterricé, hace ya ocho meses. Claro que esto, como casi todo en esta vida de contradicciones, se presta a una doble interpretación. Tendré que bien irme tranquilo y asumir que "todo no se puede", o bien pensar en un posible retorno, y cumplir el "hagamos casi todo".

Foto tomada de null

20/05/2005

El pez que se muerde la cola era argentino

No es entretenimiento para impacientes, pero si alguien tiene tiempo y ganas se puede dar un paseo por
http://www.metrodelegados.com.ar/article.php3?id_article=46

Encontrará un comunicado sobre la negligencia constante en que vive sumida Buenos Aires. No es el escarnio el fin de que quiera compartir esta joya de la improcedencia, sino hacer mi pequeño homenaje a los corruptos. Por ahora es lo que puedo hacer, más fácil que ayudarles a meterse la plata por el culo.

Para mis amigos del Viejo Mundo, sabed que esto está a la orden del día en un país donde acaban de dejar suelto hasta próximo juicio -todo si no se fuga, a ver si para 2007 o 2008 ya lo llaman a declarar- al propietario corrupto de la discoteca donde se quemaron aquellos 192 jóvenes en la víspera de la última Nochevieja, o donde se acaba de soltar tras sólo dos años de prisión a la ministra más choriza -corregidme si no, amigos argentinos- de su historia.
Para mis amigos porteños, compasión y muchos ánimos para cambiar vuestro futuro. Sabéis que puteo mucho contra muchas cosas pero no soy ajeno a los verdaderos causantes.
Un saludo.

Sé que el texto es demasiado largo, pero no tiene desperdicio. Puede seros útil buscar en la página (menú Edición o Ctrl+F ó B, según versiones) las palabras "rozamientos", "70 años", "hombre muerto", "electrocución", "Windows". Lo que les falta en ortografía a estos honestos trabajadores es lo que les aventaja en sentido de la ética respecto de sus superiores.
20/05/2005 05:26 Enlace permanente. Tema: Crónicas de Bs. Aires No hay comentarios. Comentar.

09/05/2005

Viejos domingos de tele y transistor (versión exilio)

radiola.jpgHoy, en varios momentos del día, me han venido a la memoria aquellos domingos infernales que otros años, por estas fechas, sufríamos por nuestro apego al deporte. Y es que solía ser especialmente en mayo y junio, cuando las competiciones por equipos andaban al rojo vivo y las balas del motor hacían rugir sus máquinas. El salón del piso de Barañain se convertía en la tertulia durante interminables descansos de estudio, cuando irremisiblemente salíamos de nuestros cuartos para apenas regresar entrada la noche, cuando volvía la calma tras el bullir de una jornada de infarto, y el mayor oficio o la suerte, según los casos, habían dictado ya el veredicto en cada campo de batalla.

El día podía comenzar con Alonso y la fórmula 1, si la cita era en el Lejano Oriente era preciso madrugar; si no, a más tardar, eran las motos al mediodía, al tiempo que el Alavés o alguno de sus rivales se jugaban la vida en el partido de las 12h. Algunas veces, ya a la hora de comer comenzaban a pisarse las emisiones, pues Laiseka y Mayo lanzaban un ataque en los Apeninos mientras Irujo hacía vibrar con el eco de sus golpes contra la pared; el apogeo llegaba a media tarde con el grueso de la jornada de liga en primera y segunda, que seguíamos con la radio alzándose sobre las voces de los locutores del Tau, que disputaba el partido de las seis en televisión. Si ya había entrado junio, la Eurocopa o el Mundial ponían más picante a la tarde.

Tal era el ajetreo en casa que por sonar sonaba hasta el timbre, y Olloqui o Matías o Julen o Blanca se pasaban por la tribuna, absolutamente desconcentrados por la apretada agenda del fin de semana. Sólo en esos momentos el ISS Pro perdía un protagonismo que por otro lado debían ganar nuestros apuntes. Pero si por un momento nos acordábamos de los exámenes era para expresar la indignación que nos corroía por dentro, ya que sufríamos del feminismo que sometía a la sociedad y que nos condenaba a examinarnos los lunes, tras auténticos días inútiles para el estudio para cualquier hombre que se considerase a sí mismo normal. Hermosos tiempos aquellos.

Hoy, como domingo de mayo que era, me ponía la alarma bien de mañana para comenzar el día de retransmisiones, si bien estoy en Buenos aires la parrilla es amplia a través de los canales del cable, con Internet y la radio digital como apoyos más adelantados. Comenzaba a vibrar con un Alonso que llegaba líder del Mundial y un Nadal que subía como la espuma, al tiempo que la Juve asestaba un golpe casi decisivo al Milán en San Siro y comprobaba en la web que el Alavés alcanzaba la segunda plaza de la clasificación de segunda. Pero a años luz en la importancia mi atención estaba puesta en Moscú, donde el Tau iniciaba el asalto final al cetro de la Euroliga, en una Final Four donde ya era la gran sorpresa. Pero era un día se segundos puestos, para bien en unos casos, fatídico para otros. Alonso, segundo y más líder; el Alavés que ganaba y entraba a esa segunda plaza; y el Tau... el Tau que asumía poco a poco aunque sin resignarse su papel de víctima ante un gran Maccabi que nos dejaba como subcampeones de Europa, una herida de lo más dolorosa, pues si dulce es la miel en la lengua, amargo es tenerla en los labios. Hoy no me daban ganas de enviar un e-mail para escuchar en antena en Radio Vitoria, si bien la distancia de la radio digital y las imágenes de un repentino canal turco vía Internet no me dejaban darme demasiada cuenta de lo que se estaban jugando. Aunque quizás fuera también la contundencia inicial macabea que me ha privado de soñar demasiado en ningún momento con la victoria más preciada.

Después del varapalo, bien que fuera predecible, intentaba zafarme de la impotencia viendo el épico partido en que Nadal y Coria se batían por el Masters de Roma, en un partido que ha hecho historia por su dureza y por su flamante campeón.
Después de comer frente al televisor veía cómo la luz del salón iba decreciendo, y sólo entonces caía en la cuenta del maratón que me estaba pegando, aumentado si cabe porque finalmente no acudo al Gasómetro a presenciar el San Lorenzo - River, que sigo por televisión junto a las noticias del Barcelona, que está sentenciando la liga en Valencia en un partido que finalmente no se puede retransmitir debido a la prolongación, a más de cinco horas, de la hazaña de Nadal.

Harto ya de tanta 'acción pasiva', salía para tomar el subte y acercarme a Corrientes para desconectar, con un libro, esperando que comenzara "Contra la pared", una cruda y emotiva coproducción turco-alemana, una de esas películas que me transportan a anhelados rincones lejanos de gratos recuerdos, Hamburgo, Estambul, y que cuando terminan tienen la delicadeza de no arrojarme sin escrúpulos a mi rutina real, pues de pronto, intentando bajar a la tierra, me doy cuenta de que no termino de tocar el suelo: "pero coño, si estoy en Buenos Aires".

06/05/2005

La VUELTA y algo más

Sé que había gente que ansiaba escuchar esta noticia, quien más, quien menos. Pero antes de concederla, diré que desde hoy se ha abierto en mí una incógnita en el horizonte y no se me pasará en vano, pues tengo una nueva gran espina clavada, de nuevo aquí, en Buenos Aires.
Tranquilos, amigos (las chicas ya sé que no se intranquilizan, aunque son las únicas que responden)... no es que haya conocido a Pampita.

14 de junio es el día de mi vuelta. Si todo va bien, el 15 debo aterrizar en Madrid y el 19 sube el Alavés.
Ayer compré el billete. Menos de 24 horas después descubría la existencia de un curso de creatividad de un solo año de duración aquí, en Buenos Aires, el único galardonado en el FIAP. He aquí la espina. Huelga decir que casi me da algo. El email que recibo me comunica que comenzó en marzo -hasta diciembre- pero que si tengo cierto nivel puedo unirme ahora. Más obvio aún decir que no he mirado atrás siete meses y he visto vacío ni sinsentido, pues ya sabía desde Vitoria que había un curso anual de foto que comenzaba ahora, sin embargo me quise venir ya desde septiembre. Esta experiencia está siendo impagable y de ninguna manera hubiera sido la misma en otras fechas. Pero ahora la situación no es nada fácil, pues definitivamente necesito un curso de creatividad y por las condiciones éste me venía como anillo al dedo, aparte de su nivel aparente. Compruebo (ahora, porque parece que se escondieran) que también aparecen cursos en España, aunque no tan atractivos y con un costo mucho mayor. Por qué cojones nunca constarán en ningún sitio, sean lo que sean. Pero bueno, es un poco extraño imaginarme que dentro de un año tenga que estar de vuelta aquí, tal vez les deba una oportunidad.

Lo que sí me ha dado que pensar es la oferta que había junto al vuelo que compré. Una ida y vuelta a Madrid para el plazo de 14 días. No hubiera sido del todo descabellado volar en junio y volverme a Buenos Aires, para seguir este año y completar este curso en diciembre. Supongo que no me gustaría aterrizar en casa y largarme recién llegado, pero mi intríngulis acera de qué hacer al terminar la carrera sólo he conseguido retrasarlo un año. Aunque será mejor que esto lo piense para mí, porque como entre mi madre al blog le puede dar un síncope con tanto sobresalto.

Hace un tiempo que esgrimo como una de las mayores verdades que conozco que ser consecuente con uno mismo es una de las cosas más difíciles en la vida. Y como cuasiuniversal que profeso esta verdad, intentando aplicarla a la vida diaria, una de sus dimensiones que por lo general cumplo se erguirá, desde estos momentos en adelante, como lema de esta página.

Viene a sustituir al cartelón de "estación actual, Buenos Aires".
06/05/2005 03:22 Enlace permanente. Tema: Crónicas de Bs. Aires No hay comentarios. Comentar.

02/05/2005

Feeling worldwide

inca.jpgSon las 20:30h. en la avenida Corrientes. Aún estoy en una de las bocacalles que se abren transversales a la Plaza del Congreso, ya se escuchan las suaves notas de flautas andinas. El cine Gaumont está cerrado por el Día del Trabajador, pero no me iré de vacío. La plaza celebra, sin embargo, el Primer Homenaje a las Trabajadoras.

Parecía más bien una excusa, pues cientos de puestos de extendían ofreciendo artesanía, comida y tragos típicos de las provincias argentinas más remotas, rodeando ampliamente el pequeño escenario central. El Chaco, Formosa, Santiago, la fiesta parecía ir más hacia el norte, tanto que de pronto los stands de empanadas y pequeñas tallas de madera pasan a las lanas andinas y los colgantes de la Pachamama. Ponchos del Perú, camisas artesanas ecuatorianas, zumos tropicales cariocas y libros de la Revolución Cubana, tragos dominicanos y especialidades haitianas, los puesteros eran todo un crisol de pieles adornados con bombines bolivianos, tops de algodãobrasileros o beisboleras de nylon cubanas (paradójicamente sintético, siendo de la isla). De pronto, un puesto vende shoarmas bajo la bandera libanesa, la estrella de David reluce en el contiguo y entre las lonas aparecen escudos cantonales suizos y de los lander alemanes, una pálida mujer atiende el "Osterreichse" y otras se colocan cetros con tiras que cuelgan de la cabeza, luego salen junto a mozos con bombachas y empiezan a bailar polkas, mientras la frenética música ucraniana ambienta a la perfección la locura del momento. Y aún no vi muchos judíos, no vi armenios, no vi gitanos, no vi polacos, sí vi chinos y taiwaneses, también chilenos y nigerianos, unos con la vieja remera roja y los otros cocinando con sus blancos chalecos y copete del África negra, como si de delantales se tratara. Buenos Aires, aquí tan lejos, tan cerca del mundo.

Volvía sobre mis pasos, camino del Premier. Deme una para Los Coristas (así llegó a la Argentina Les choristes, Los niños del coro). Pronto, las notas me imbuían como me contaba Irantzu desde Bruselas, una vez dado el salto brusco desde la artesanía colonial a un reformatorio de la prolija Europa donde se amontonan huérfanos de guerra. Voces angelicales para una correcta institución francesa. Es un cambio que no tiene desperdicio vivir, aún en una sala de cine, estando de este lado del océano. Una historia triste con final feliz, allá en Europa también una vez hubo grandes problemas.
Me fijo, al salir, en una de las cuatro parejas que había en la enorme sala desierta. La mujer espera inmóvil mientras el hombre se suena los mocos. Yo también salía medio conmovido, directo al baño. Una película se vive cuando te pones a comentarla con el hombre del urinario que está a tres metros, y ves que, como tú, aún está dentro de la historia.

Un buen día es el que, de vuelta a casa, caminas a oscuras por las calles desiertas y saludas a los vagabundos que nadie ve, porque están desiertas.

Foto: bandera inca; www.quechuanetwork.org

01/05/2005

Metal argentino, hormigón criollo

images.jpgQuilombo descomunal para contactar, prolongación del proceso de compra de las entradas. Abordo del colectivo 15 nos acercamos al lugar. Estadio Obras, 21h. Negro. Negro color de remera, negro pantalones, negro pelos largos lacios, negro piel mestiza. Negra la noche. Los heavies argentinos tienen la apariencia del 30% de los heavies españoles. Igual que en la cancha, cánticos desde la cola. Larga, negra cola. Se viene Almafuerte.

"¡Popular, contra el muro!"
Entrada en mano, zapatillas en mano, mano de mono en mis cojones, cacheo control. Otro mono corriendo por un pibe que zafa bajo la valla. Escaleras arriba. Negro. Puertas adentro. Caja de cerillas reventada. Cabezas, cabezas. Varios miles. Rollerball. Aspecto de cancha de peleas de gallos, gradas casi superpuestas, con fierros. Gente grita. Oscuro. Se viene Almafuerte.
Iorio, escrach. Alentando. "Almafuerte, sentimiento". Desgarro, la voz. Empujón y corrida. ¡Boten! Aquí, arriba, en la popular. ¡Boten o sean pisados! Vorágine.
Sudor. Aplausos. Tiruriruri... cuerdas. Bang. Avalancha hacia adelante, abajo. Espalda desnuda. Cuerpos como bolas, avance en volandas, pies al aire. Contención. Placaje seguridad. ¡Fuera! Iorio sigue. Todo es en vano, si no hay amor.
Una avalancha por canción. Falla. Corrida, cuerpo bola. Control, ¡fuera! Despejan balones. Sudor, calor. Tez pálida, belleza heavy. "Hermética". Power, grito. Voz dulce. Fondo, polenta. Grito, empujón. Cansado. Fin. Luces.

MP3: Almafuerte - "Ultimando".
01/05/2005 06:04 Enlace permanente. Tema: Crónicas de Bs. Aires No hay comentarios. Comentar.

29/04/2005

Malvinas rioplatenses

Una de las cosas que más sorpresa me causó de la agenda pública en la Argentina fue el infame asunto de la soberanía de las Malvinas. Malvinas o Falklands, con capital en Puerto Argentino o Port Stanley, todo según en boca de quién esté el tema. Y es que cuando uno vive disputas territoriales puede escuchar posturas absurdas. Pero cuando las observa desde una posición ajena e imparcial puede presenciar un complejo espectáculo de lo que son las pasiones humanas, la codicia, el honor, el autoritarismo y la impotencia. Porque admirable puede ser un amor fuerte por lo propio. Pero cuando se siente por lo ajeno acarrea problemas.
No estoy en posición de argumentar razones por las que argentinos o británicos deberían poseer estas islas. El sentido común me llevaría a pensar que, ya que los primeros pobladores fueron argentinos, habría una razón de peso para pintar las dos islas gemelas de albiceleste, además de lógica de la proximidad, en este caso tan clara, y desposeerlas de Gran Breta~na por el hecho de que las Provincias Unidas se emanciparon de Espa~na y formaron una nación plena. Ahora bien, los malvinenses se sienten británicos.
Pero, sea como sea. lo que no es de recibo es que los inocentes pibes argentinos, y algunos no tan chicos, no distingan entre lo que es una postura más o menos legítima respecto al tema y lo que es, a día de hoy, la realidad. Y es que no era la primera vez que me ocurría, cuando un joven universitario con discurso culto y aparentemente con mucho de seso, me aseguraba en Tucumán que las Malvinas eran territorio argentino. Yo, con un gesto ambiguo entre incrédulo y respeto forzado, pues me empezaba a bullir la sangre, le dejaba caer que al menos, en Europa, no es eso lo que se piensa (la guerra la ganó Inglaterra). Mi rabia no era fruto de ningún patriotismo, pues no me ata~ne ni de refilón, sino del poco respeto de algunos por la verdad. El chico me seguía rebatiendo lo irrebatible, pero terminó de romperme cuando sentenció que ''antes sí eran inglesas, pero hace dos a~nos Inglaterra ya reconoció -nada menos que bajarse los pantalones- que las Malvinas eran argentinas''. Yo no sé de dónde carajo se sacó esa cita que no pareció trascender mucho, porque sus repercusiones hubieran sido tan grandes como para borrar todas las fachadas pintadas de la Argentina que imploran por ello, que no son pocas, y en lo que a mí me toca más de cerca, algo -poco- se hubiera movido en el asunto Gibraltar.
El resultado es que, cuando veo las ense~nas reivindicativas siento, eso sí, respeto grande por los jóvenes soldados traicionados, pero por otro lado, como si alguien tirara tiros al aire, por un nacionalismo peligrosamente cegador que provoca una falsa realidad y a día de hoy más perjuicios que los que debería. Creo las islas están, al menos para la comunidad internacional, algo más lejos de Argentina que su mera distancia en millas marinas.

Más información; http://www.el-mundo.es/especiales/2002/03/internacional/malvinas/
29/04/2005 17:29 Enlace permanente. Tema: Crónicas de Bs. Aires No hay comentarios. Comentar.

12/04/2005

"In-de-pen-dien-telacon-chalacon-chalaconchadetumadreee..."

819_estadio.jpgUn nuevo barrio tachado en el mapa y otro hito "imperdible" de la vida de la ciudad. La experiencia de hoy ha sido un conjunto de pequeñas historias, en un escenario que, de no haberlo conocido, llevaba camino de tornarse para mí en un gran mito. El taxi llega hasta el (omnipresente en los noticieros) Puente Pueyrredón, y de una vez por todas cruzo la frontera del Riachuelo. Historietas y murales me instruyen en historia piquetera, y al cabo de un tiempo de atasco llego a las inmediaciones de la cancha. Hoy acompaño a Diego, un nuevo amigo, tocayo de muchos, a ver a su Racing batirse frente al 'papá' vecino, Independiente, en el duelo de Avellaneda, tal vez el clásico más clásico después del River-Boca.

Una sola grada esférica con flamante tejado circular es el bastión de 'La Academia', y el orgullo de sus seguidores frente al vecino y ruinoso estadio "rojo". Desde ayer, ya no se venden entradas y los alrededores son una marea albiceleste que no tiene demasiado que envidiar a nadie.
Nos ubicamos en el anillo superior, en la prolongación del área grande sobre el fondo local. Cuesta trabajo dar con siete asientos cercanos, que es cuanto ocupábamos todo el grupo, pese a que resta media hora larga. Miles de globos alargados se agitan incansablemente, desde entonces hasta bien después del choque. Muchos de esos brazos son de minas jóvenes, tan fervorosas como el más macho. Enfrente de nosotros, una compacta mancha roja que debe de tener no menos de siete mil rivales. Como miles de píxels en alta resolución moviéndose en oleadas y dispuestos a dar guerra.

Comparecen los equipos, comandados por el Mono Montoya y por el Cholo Simeone, el ídolo local. Esta vez no son consoladores, pero pronto comienzan a llover objetos indeterminados sobre la meta del 'Mono'. La cosa se calienta. Comienza el partido. Ritmo trepidante, entradas a mansalva, piernas y codos al aire, fútbol barriobajero al que, con todo, Racing ponía un ritmo frenético con un juego creativo. No tarda en llegar el gol, después de que Montoya no pueda blocar una bola. Locura y dedos al aire entrando en circulitos hechos con la otra mano. Al poco, Frutos iguala la contienda, lo que le agradezco por el bien del espectador neutral, tal vez yo solo en toda la cancha. Si bien simpatizaba más con Racing, discurrió todo a pedir de boca, pues mediado el segundo tiempo hubo una preciosa combinación por entre un bosque de rojos que culminó Lisandro sutilmente; fue seguida de un nuevo contragolpe local no menos letal, con lo que el partido se decantaba, y así terminaba. Sólo el encuentro, al espectáculo aún le restaba mucho.

Los veinte minutos de rigor de espera a puerta cerrada gustosamente se podían extender, mientras la barra de Independiente abandonaba sin prisas sus lugares. En la misma medida se prolongaba el delirio local, más ruidoso aún si cabe, pues qué mejor manera de aguardar que cantar a su víctima. Las letras más variadas tronaban por todos lados, para mi sorpresa muchas aún desconocidas. Algunos hinchapelotas del Rojo se dedicaban a putear sin moverse, aunque eran tapados por el estruendo de La Academia. De súbito, la megafonía se sumaba a la fiesta. Un ritmo cumbiero provocaba un éxtasis colectivo y guiaba a la totalidad de la familia local para un 'puteo' más armónico, claro y contundente con una letra trabajada y al especialmente antirrojos. Continuaba tan sorprendido como al comienzo del encuentro. Nunca escuché a tanta gente seguir así a un cassette.

Y de repente, como emulando históricas tácticas de otros ejércitos en retirada, en diversos focos de la bandeja opuesta comenzaban a arder los miles de papelitos que habían quedado desperdigados por la platea, sin que las llamas se levantarán más de un metro pero lo suficiente para que una nube de apestoso humo inundara a todos los concurrentes que aguardábamos como pollos en jaula. Las pintadas callejeras, las vallas con anuncios oficiales, incluso la salida de la cancha... todo forma parte de una gran guerra de desgaste en la que, quien se apea, pierde.

Alcanzamos el vomitorio y descendemos los primeros escalones. El padre de Diego me hace mirar al frente: "esa 'bosta' que se cae, eso, es la cancha de Independiente. Fierro viejo, sucio e incompleto, ¡no existen!"

Contexto orientativo:
El día se completaba cruzando, a pie y aunque acompañado, por un puente intransitado y con la sola luz de las farolas, el legendario Riachuelo, algo que daba por imposible por lo infame de la zona. Avellaneda, densa ciudad satélite, pertenece a la Provincia de Buenos Aires, entidad independiente de Capital Federal (o ciudad de Buenos Aires). El Riachuelo es el límite político, fétido desagüe colectivo fabril, embrión de la primitiva ciudad, pero el río menos río que se puede conocer. Existe toda una tradición de ironías acerca de los poderes mágicos de sus fluídos. Las factorías más variopinta se concentraban tradicionalmente en Avellaneda; con la superación de la época industrial y, más expresamente, con el desahucio de la industria nacional, Avellaneda quedó como una ciudad eminentemente gris. Pero, para honra suya, albicelestes y rojos tienen destellos que alcanzan a todo el país.

09/04/2005

Bar "El Chino"

Dura era la decisión entre un "asado social" de despedida de Clari, que se va lejos, y una cena en El Chino, adonde es difícil que vaya si no es ahora con las chicas. Procurando no pensarlo mucho más, paso a buscarlas; se preparan y al poco estamos en un taxi camino de Pompeya, un barrio muy feo donde ni el propio conductor oculta la sorpresa por llevarnos.

En no demasiado tiempo llegamos a la calle Bearzley, donde un par de solitarias bombillas alumbran abombadas paredes de cal, de entre las que salen algunas voces.
Hola... Una gran sala en forma de L inversa, con techo bien alto y paredes forradas de afiches de tango, de corridas de El Cordobés, plaquitas, fotos, pósters de Huracán y carteles de la película "El chino", candidata a nuestro vecino festival de San Sebastián.

Sufro un gran sobresalto con la cámara, pues se me atasca la cortinilla -asunto delicado- y creo que no voy a poder hacer ninguna foto. Por suerte, tarde pero llega, poco después de servirnos el biffe consigo desatascarla. Somos saludados amablemente por los dos tangueros de la familia regente que van a comenzar el espectáculo, a las 23:30, ni un minuto antes, ni uno después. La cena se me queda corta, no era muy abundante, pero pedimos una botella de vino y la sacrificamos para un ansiado kalimotxo. Tras las primeras milongas y composiciones más folklóricas, la hasta ese momento 'voz cantante' presenta a su hijo, Marcelito, que nos deleita con un sentido tango con toda la expresión que le ponía su padre.

No somos sino un triple cero -qué más podríamos ser- en crítica tanguera. Así pues, no nos quedaba otra cosa que disfrutar con cada sorpresa. Y, al cabo de una hora larga, desde una silla apartada se yergue con dificultad un viejo que ya llamaba la atención por su inusitada presencia: con piernas temblorosas avanza hacia el mostrador, transportando así sus casi dos metros octogenarios, culminados por un rostro extremadamente terso y una cabellera de un níveo impoluto, terminada tras una goma en mínima coleta enroscada. Y se gira. Su voz suena como un trueno mientras penetra con la mirada a cualquiera a quien dirige las notas. De súbito, su frágil silueta se ha vuelto invulnerable y su palma abierta vibra de constante tensión. Admito que me siento vacío e intimidado, no sé si con poca o mucha razón, imaginando lo que sería dedicar las energías a un canto tan fervoroso mientras un guiri -añádase, inexorable, mi facha delatora- apunta su cámara incesantemente, más pendiente de su instantánea que del sacrificado son... (estudio foto, ché, ansiaría decirle).
Una vertiginosa canción instrumental a dúo de guitarras es, para mí, el instante culminante de una noche que se prolonga hasta casi las 3h., momento en que, soñolientos, satisfechos y agradecidos -en especial a Delfina, la viuda del Chino, que celebra hoy su aniversario-, nos despedimos para esperar al remís que nos han facilitado desde el propio restaurante. La peña "Los amigos" continuaría, si son fieles al rezo de la pared, hasta bien entrada la mañana.
Pese a que la película, algunos artículos de la prensa o el consiguiente turismo comienzan a hacer notoria la existencia de El chino, creo que no me equivoco si digo que, hoy mismo, somos las únicas almas ajenas en todo el barrio de Pompeya. El tenebroso remís granate, un auto de paisano, nos ofrece la tranquilidad de sus remitentes y la aparente sencillez del piloto. Frente a ello, las siluetas errantes de mendigos prematuros, tan calamitosas como poco tranquilizadoras, bajo la luz siempre tenue de callejas y cruces nos confiesan de manera más acertada la difícil ubicación de aquel reducto tan genuino, capaz, probable y tristemente, de ser la paradójica razón de que aquel "bar El chino" continúe siendo, casi, el que me han dicho que era.

Diciembre de 2004
09/04/2005 08:13 Enlace permanente. Tema: Crónicas de Bs. Aires No hay comentarios. Comentar.

05/04/2005

'Des-encuentros'

Continúa de "El Tigre y la camarera de Barrancas"

Nos hemos retrasado tanto que terminamos por comer en casa antes de ir a Retiro y subir al ferrocarril de Mitre. Después de unos minutos frente al Tren de la Costa, lo tomamos hasta la estación de Barrancas. Por la ventana del restaurante, atisbo una agradable silueta que, no me cabe duda, corresponde a la chica que me desveló hace menos de un mes. Cruzo las vías, me entretengo en el anticuario mientras me calmo y pienso cómo abordar la situación. Al rato, cuando la veo mejor, incomprensiblemente dudo de si se trata de la chica que busco. Endika y Borja, sorprendidos, se ríen incrédulos desde el otro lado cuando les informo del contratiempo. La verdad, no es fácil comprenderlo. Está demasiado bronceada, y algo no me cuadra en su expresión, aunque no deja de ser agradable y, pienso, vez tal crea que me está leyendo el pensamiento.

Decido pasar al interior, sin saber muy bien cuál debería ser el próximo paso, con bastantes boletos para ser penoso. Pero, desde detrás de la barra, una vieja camarera se dirige a mí. "¿No habrán recibido... hace un tiempo... una carta no muy bien indicada y buscando a una persona difícil de definir? Pese a lo ininteligible y lo vacío de mi frase, una sonrisa me dice que sí. "Ya no trabaja más. Hubo un problemita y dejó de trabajar". A su gesto intrigante, que era condescendiente y piadoso (y ligeramente resentido), añade: "Es una chica linda, pero aquí todas son bonitas, hay otras muchas lindas que te pueden tratar muy bien; disculpame que la abrí, pues no sabía bien a quién dársela, pero un chico que escribe algo así debe ver esta película". Es el momento en el cual extrae de entre unos papeles un pedazo de cuartilla en el que, ya escrito, se leía 'Diario de una pasión'. "Tranquilo, vas a encontrar a otra". Obviamente, aquello me halagaba, pero a mí no me valía salvo como leve bálsamo personal, por saber que, si no la conseguía, no era por falta de tenacidad, o al menos de imaginación. Pero eso era una gilipollez, una autocomplacencia ridícula y atroz. Vista mi insistencia, lo cual comprende y aún espera, me hace escribir mi número en un papelito. "Pensé que se habría comunicado contigo. Yo se lo voy a dar el lunes a una amiga suya".
Me había reconocido en el momento de entrar, por eso que me había abordado desde su puesto. Se acordaba que fue aquella chica la que me atendió. Era como si aquella suerte de pitonisa (o, simplemente, mujer) ya conociera la escena, y estuviera presenciando la película de lo que corría por mi mente. Y con poco más que decir, y más tranquilo, abandoné el local, con la extraña sensación de que un alma ominisciente y comprensiva sabía lo que hacía, y parecía llevar en volandas el flujo de mi fijación. Laisse fair.

(Marzo de 2005. Ha pasado un nuevo mes, casi tres desde que me deslumbré. No tengo noticias)."
05/04/2005 17:22 Enlace permanente. Tema: Crónicas de Bs. Aires No hay comentarios. Comentar.

El Tigre y la camarera de Barrancas

...En unos minutos empalmábamos con el moderno Tren de la Costa. Se trata de un antiguo ramal del ferrocarril de Mitre, continuación del anterior, cerrado y reabierto por medio de otra compañía que ha dispuesto unos vehículos prácticamente idénticos a un flamante y silencioso metro ligero de cualquier urbe centroeuropea, que para resultar familiar era obra de CAF (Beasain). Algo poco común en la Argentina, lo cual se refleja en el precio.
Después de recorrer a pocos metros la costa del Río de la Plata, entre pequeñas y coquetas villas unifamiliares, nos apeamos en la estación de Barrancas, que nos depararía un asombroso, por variado y barato, mercado de antigüedades. Después de un par de horas de lo más emocionantes, pues cada puesto ofrecía más preciadas reliquias que el anterior, me voy con una matrícula de Capital, otra naranja de la Provincia, ambas por dos duros, otra esmaltada de Capital y una de "wagon" del '58, un coche de caballos algo mayor que un tilbury.

Pero la otra sorpresa esperaba del otro lado de la vía. Llevaba una bandeja en la mano, tenía una camiseta verde, ojos claros, mejillas carnosas y una sonrisa muy de (personal), pero no volveré a compararla, pues antes de percibir el parecido ya me ha emocionado. No he tenido tiempo -ni intimidad- para escribirle algo en una servilleta, pero voy a hacer lo posible por contactar con ella. Una de esas chicas que si las dejas ir te hacen sentir culpable.

Tigre nos ha ofrecido una bella escena muy de "orillas del Sena" en un cuadro impresionista y dos edificios de clubes de remo, a cuál más imponente, uno de ellos en estilo veneciano y el otro un palacete escondido entre yedra y muy a lo inglés. Ambos se valían de un ingenioso sistema de raíles más propio de tren minero, atravesando incluso la calle, para transportar sus canoas hasta el agua.

Volvemos por el ramal de Mitre que continúa en funcionamiento desde El Tigre. Un viejo que irrumpe en el vagón proclamando que "sólo el amor salvará el mundo" ameniza el viaje con su tango de acordeón, de este lado del cristal; y entre niños y demás habitantes del entorno del ferrocarril, del otro, formando una evocadora escena con el fondo del tac-tac de los raíles. Pienso en la sirvienta...
05/04/2005 17:10 Enlace permanente. Tema: Crónicas de Bs. Aires No hay comentarios. Comentar.

01/04/2005

El retrogreso

REVOLVERpq.jpgParece que hay en el mundo personas con ideales bastante afines a los que yo vivo. Las angustias son las mismas y los pesares son iguales. Obvio que sí las hay. Pero hay cosas que sólo se obvian repitiéndolas, y hay veces en esta vida tan moderna en que uno duda de que esas similitudes existan, por lo que tiene que repetírselas.
Si creyera en las casualidades (uno ya no sabe en qué cree y no cree, ni por qué, ni si le conviene, porque si no no es consecuente con su vida) mi vida en estos momentos rebosaría adrenalina, me sentiría el protagonista de un videojuego de aventuras. Siento que estoy especialemente atraído por las casualidades, pero lo atribuyo a una especie de lotería constante. Será que siempre echo boleto y suelo estar ahí por si sale el premio.

Como contaba en otro artículo, hoy he cerrado las puertas de todos los sentidos para dedicarme a una pequeña formación de músicos con que, inesperadamente, he topado cuando salía de una exposición. Casualmente aprovechaban la sala de la muestra de un amigo de la banda para tocar entre sus ilustraciones callejeras enmarcadas. Eran infinidad de dibujos a tinta, caricaturas, seres abstractos, logos, palabras que parecen opacas, pensamientos, como resultado de la necesidad imperiosa de registrar todo lo que bulle en un contexto cualquiera. "Incluídas las modernidades "no oficiales", a menudo solapadas por el arte de derecho, oficial", rezaba el panel explicativo.

Una materialización de la idea que latía en las láminas se vivía con las notas arregladas de Piazzola que emanaban del quinteto. El aprovechamiento del lugar, la invasión, el sonido robando protagonismo a un espacio físico dedicado a la vista. Vivimos una época de síntesis en la que todo es superfluo. El mismo principio de poner cuerda y triángulo mínimo a un bikini tiene indistinta aplicación en la mesa, con la blancura insoportable que rodea al minúsculo filete de diseño que ha preparado el chef y que se traga sin masticar. No sé lo que pensará una abuela de lo primero, pero a mí, lo segundo, me agrede. Lo ultramoderno también se suele apellidar con mp3, jpg o todas las demás combinaciones. Por cierto que la exposición era de fotos, y algunos de los primeros premios eran jotapegés, descaradamente ampliados, uno de los cuales era un juego de sombras que resultaba plenamente (y planamente) icónico, de negras que eran las sombras, una mierda soberana. Y encima era en blanco y negro. Vamos, que fue a dárselas de retro y sólo consiguió un icono para Windows. Creo que, mejor, no se lo voy a contar a mi profesor, le voy a ahorrar sobresaltos.

Menos mal que, paralelamente a los preceptos de la publicidad y del progreso, siempre permanece, o se mantiene atrincherada, o rectando bajo ella, la información al pormayor. ¿Y qué sería de la vida si no reutilizáramos los viejos pantalones del fondo del armario; si no existieran los pistachos a granel, sino sólo engañosas bolsas envasadas, hinchadas, semivacías; si no existieran en los mercados los puestos de chismes; las librerías viejas de libros apilados; los baúles llenos de rectángulos adhesivos con las caras de ridículos futbolistas (vaya pelos...).

En pro de algo que no alcanzo a comprender, ahora las máquinas expenden toda clase de tíckets, ya sean abonos de conciertos, boletos de colectivo o entradas de museos, en absurdos pedazos de rollo que impresos en serie se convierten en una mierda de vales que no llegan ni a factura, más desagradables que el papelito con el número y debajo un "espere su turno" (y, para colmo, ahora decoran el papel de báter). Uno ya no puede ser de su pueblo ni en la patente de su auto (propondría a los dueños de tan brillantes ideas, ya puestos, una supresion total de las fronteras mundiales, cosa inimaginable pero que en ellos sería consecuente). El hombre se vuelve de piedra, pero no en un sentido tan figurado: la supresión de espacios abiertos nos atrofia la vista; la música comprimida nos negará el oído; la esterotipación de la vida nos volverá lerdos. Lucho contra ello, pero yo ya no sé ni reparar mi persiana.

Cuando iba a adquirir el cedé de la banda, después del sinfín de aplausos, me percato de su nombre, gracioso nombre, casi se lo piso. Son El vagón. Mi nuevo blog "entrelasvías" pasó antes por "víaestrecha", "elúltimovagón", "vagóndecola"... (sin tildes, claro. No estamos para pequeñeces). Ahí venía otra coincidencia.

Yo mismo estoy en tiempo de muda. Estoy por cambiar mi diario de más de un lustro a un ultramoderno y simple weblog para tontos. Y admito que los programas de diseño web me resultan desesperadamente poco prácticos, por lo que estoy encantado. Hace un par de años que cambié el bolígrafo por las teclas, pero era una cuestión de actitud. Me siento mucho más concentrado, inspirado y vívido delante de la pantalla. A cambio, pienso en volver a comprarme una pluma estilográfica, para continuar escribiendo postales y cuadernos de viaje, tan fácilmente no me voy a pervertir. Esto también debe ser una cuestión de actitud. Finalmente sucumbí con el teléfono móvil, o me hicieron sucumbir, aunque mis seis meses argentinos me han curado nuevamente. Miro los periódicos por Internet, pero si lo compro no lo termino, pues ansío terminarme el libro. Siempre seguirán los libros (¿verdad, Acróbatas?), aunque sea por el bien de la vista, que aún no simpatiza con la pantalla. Espero que no se nos ocurra poner la televisión para "viajar" con el Discovery. Porque, entonces, desmantelarán los trenes que quedan, que todo puede ser. Es un tema complicado esto de lidiar con el progreso. Pero hay una cosa que también ansío: a ver si, para cuando el agua de los océanos nos llegue hasta el cuello, hemos aprendido a teletransportarnos.
01/04/2005 05:03 Enlace permanente. Tema: Crónicas de Bs. Aires No hay comentarios. Comentar.

31/03/2005

"Un vagón de tango"

BANDONEO.gifTermino el paseo en Recoleta, leyendo el "Llegás" en un banco relajado de la galería, y viendo una exposición en una segunda planta que desconocía que existiera. Por segundo día consecutivo, me acerco al Palais de Glace y nuevamente me voy sin película, hoy se ha aplazado por un evento privado, y encima la que pasaba lista me trata como un loco. Pelotuda... la ponen de azafata y no sabe que en realidad, cuando no está ella, eso es un cine público. A la gente se la sopla muchas cosas, y con ello se la sopla mucha otra gente.

Así que vuelvo a lo que me quedaba de la exposición, pues la había visto mal y con prisas. Esta vez, me encuentro con lo que al parecer es un concierto de tango, que me llega bastante agradable desde una sala contigua. Junto con otra gente, rodeados de ilustraciones y en plena muestra, me siento en el suelo a escuchar. Y escucho. A pesar de la de delante, que no para quieta, y del otro boludo del celular, escucho. Al cabo del espectáculo embriagador, soy uno de los que aplauden sin pausa entusiasmados con el quinteto. Los vítores tardan en disiparse. Tocaban obras de Piazzola, haciéndoles arreglos y dándoles seguramente un ritmo que no tenían. El chico del bandoneón y el percusionista ponían a uno en vilo, con violencia inusitada, mientras las notas de un violín se agarraban al alma. Me llevo el cedé que está a la venta. La pena es que aún sólo eran tres miembros cuando se editó, no estará el violín; sea como fuere, es el recuerdo de una tarde salvada a lo grande. Curioso su nombre, son "El vagón".

(Imagen obtenida de http://www.judithcorsino.com/BANDONEO.gif)
31/03/2005 00:40 Enlace permanente. Tema: Crónicas de Bs. Aires No hay comentarios. Comentar.

Hibridiario

00667m.jpgMirá vos, estos dos últimos días han sido productivos. Sólo me falta la pasantía, en cuanto me confirmen el laburo todo bien. Y sólo es lo más difícil...
Ya que mi longevo diario está mudando la piel para convertirse en vox populi, aunque a título experimental, voy a escribir en cristiano, en católico apostólico romano. Pese a que el templo de Nuñez se llena en noches de Selección, pese a las subidas de tono cruzadas entre los altos estratos de las jerarquías vaticanas y locales, pese al alto número de judíos y pese a que el castellano se extrapola, tensado por jeans, dispensers, deliberys o handies, por un lado, y por canas, laburos, coimas y chamuyos, por otro... Pese a todo, aún es así como se entiende la mayoría.
Ayer dio para mucho. En primer lugar, pagué el alta de conexión de Fibertel, ya que esta vez sería más duro colgarse del vecino; encuaderné los dos álbumes viajeros, alcancé el Gran Rex y dos entradas para ver a Ian Anderson, ex-Jethro Tull, y compré el segundo libro de "Los mitos argentinos" antes de acercarme a ver una exposición de la comunidad judía porteña. Hoy no ha sido menos, pues después de una semana de anclaje en hasta ahora desterradas rutinas, por fin me levanté antes de las 13h. Bien temprano me sentaba a escuchar la clase-charla de Martín sobre foto digital (no, tan pronto no me voy a prostituir), luego dábamos un paseo y comíamos en San Isidro; por la tarde metía más al buche con otra clase de David, esta vez tan clásica que andábamos entre cámaras de placa, de esas que tienen un fuelle gigante y lograban una calidad, Martín, corrígeme, ¿mil? veces mayor al "píxel moderno y de bolsillo". Aún hay motivos para defender las viejas maneras.
Sólo faltaba un poco de humor. Cuando ocurre una desventura, hay que tomarla como la excepción del día y por eso, celebrarla. Terminaba cenando en el hotel "Clarigde", pues tenía visita de mi tierra. Cinco estrellas para comer un pescado que yo, con el culo, lo hago más rico. Eso sí, un pejerrey 'de diseño', y como corresponde a esta cuisine, tan minimalista que no se me quedó ni entre los dientes. Era más fácil deslumbrarse con lo blanco del plato o quedarse pegado entre la pasta de las papas congeladas, aparte y en un platito encantador. ¡Con el culo he dicho, sí!
31/03/2005 05:48 Enlace permanente. Tema: Crónicas de Bs. Aires No hay comentarios. Comentar.

28/03/2005

Año Nuevo en positivo

Eran aún las 12h, por lo que respondo que sí. Otra gran oportunidad para no perderse. Raquel me citaba a las 14h. en la estación de Constitución. Para hoy, cambio el Concierto de Año Nuevo y los saltos de Garmisch-Pattenkirchen por un una reunión de "La vieja del andén".
Los aledaños de la vía eran algo pocas veces visto para mí. Viejas estaciones, viejos letreros aún de piedra, viejos vagones, viejos talleres, viejos puentes férreos. Lanús, Banfield, Claypole, Adrogués. Finalmente, nos apeamos en Longchamps. Descendemos el desmesurado metro y pico de altura del andén y atajamos por los raíles. De hecho, era allí, en una misma vía muerta, a la sombra de un magnolio que se desperezaba, donde esperaban los chicos, gorras viejas, remeras agujereadas sobre piel curtida y todo desparpajo para presentárseme. "Hola, soy el amigo de Montxo".
En poco tiempo, cuando Raquel me "autoriza" a sacar la cámara (la vieja Petri de treinta y un pesos) comienzan a ponerme a prueba entre foto y foto con los nombres de futbolistas locales y truchos, inexistentes. Los más desvergonzados me piden permiso para tomar algunas fotos y otros me hacen preguntas teóricamente tan básicas como "de España...¿viniste en avión?". Mientras los pibes juegan bajo las instrucciones de Raquel y otros tres monitores, yo escucho de boca de una madre los problemas que algunos de ellos sufren, como el fracaso escolar o la necesidad de información sexual. Encomiable pero ardúa tarea la de Raquel y todos sus amigos...
28/03/2005 03:00 Enlace permanente. Tema: Crónicas de Bs. Aires No hay comentarios. Comentar.

Año nuevo en negativo

Adrogués, una zona bien, secuela de un antiguo balneario. Dos críos harapientos de unos 12 y 5 años deambulan vertiginosamente a medio metro del tren suburbano, aún falto de detenerse. El pequeño puede tropezar y ser engullido perfectamente, por lo que una vieja de presuntuoso vestuario rojo les grita escandalizada. El mayor de ellos se da media vuelta y hace una mueca a la señora que casi la hace desmayar, escandalizada. El más chico, ni se inmuta. Cuando el tren reanuda la marcha, el mayor endosa un capón a un hombre que viaja dormido y dedica un escupitajo de frente a otro infortunado. Todas las ventanas van abiertas debido al ineludible bochorno, que parece un castigo de Dios. Cuando las vías quedan libres, cruza sin mayor problema, pero el pequeño lo sigue, tirando previamente al hueco de la vía las tres pelotas que lleva para así poder descender mejor. El hermano mayor le hace un gesto de fastidio, desentendiéndose, a lo cual tiene que reaccionar un viajero del otro andén para ayudar al más chico, que intenta reunir las pelotas derramadas nuevamente justo cuando se disponía a -intentar- subir el metro de cemento, ahuecado y a todas luces excesivo. Desde arriba y de un estirón, el hombre, por si las moscas, lo levanta hasta una altura que casi doblega su corta estatura. Toda la estación había seguido atentamente la escena, lastimosos, preocupados pero, para enorme desgracia, intuyo que acostrumbrados.
28/03/2005 02:54 Enlace permanente. Tema: Crónicas de Bs. Aires No hay comentarios. Comentar.

27/03/2005

Festejo agridulce en tierra de nadie

(Viernes, 31 de diciembre de 2004)

Debía de haber pasado más de media hora mientras los pájaros y la inevitable luz prematura, a través de las desvencijadas tablas de la persiana, me impedían dormir. Y no ha sido por mucho tiempo que he podido descansar. De nuevo el teléfono, esta vez era mamá quien descargaba su alma en vilo, y con ella la de la abuela, el abuelo, mis hermanos y tantos otros que debían de preguntarse si no habré sido uno de los malparados, tratándose de un grupo de rock el que daba el recital. Buenos Aires tiene más de doce millones de cabezas, pero en la distancia todo se magnifica y uno no entiende de probabilidades.

A la tercera, resignado, me levantaba definitivamente. Como hacía apenas unas horas, encendía la televisión, temiendo ser saludado por la cruda imagen que ayer no me dejó dormir: un reportero de la incalificable "Crónica TV" filmaba a dos metros de un pibe desnudo que era pura quemadura. Yacía inmóvil junto a la vereda. El aséptico reportero le hacía zoom soportando las viscerales amenazas de los supervivientes, que deambulaban como zombies agitando los brazos de forma automática. "Parate de grabar, puto". Todo el trajín de la locura se escuchaban en off. Una mano anónima se alarga hasta el cuello del muchacho. "Ché, está muerto, ¡no lo ves?".
La luz del día no aportaba mucha claridad al asunto. Más bien, sumía a la ciudad en la crudeza de una realidad que no parecía ser tal. De nuevo, en otra contundente versión de lo mismo, la misma música en los oídos: el eterno lamento argentino redunda en la podredumbre de todo lo que tenga la más mínima relación de conveniencia con la autoridad. Tras cinco días desbordados por cifras que parecían haberse vuelto locas, pese a haber pasado casi de refilón -el tsunami sólo había engullido a un par de desafortunados argentinos en el Índico-, ahora, a los 35ºc de temperatura casi perpetuos de la noche se unía un infierno oscuro y sobresaturado que dejaba la ciudad patas arriba. Como la peor de las bromas, la más cínica y retorcida, el calendario señalaba el último día del año. Se hablaba de cerrar todos los locales de fiesta de la ciudad.
Al despegarme del televisor, y casi sin haberlo apreciado, el sol ya soslayaba entre las torres de departamentos del barrio de Palermo. Me preparo, compro un pequeño buddin de limón y subo al colectivo, camino de San Telmo, el barrio a partir del cual Buen Ayre llegó a ser lo que es. No había demasiada gente. Los pasajeros conversaban, pero salvo el cava que asomaba en algunas bolsas nada hacía presagiar festejo alguno. Ni siquiera el temerario chófer se atrevía a poner su máquina a la velocidad de costumbre, mucho menos al pasar por Plaza Once, a escasos metros de la escena.
Esquina de Bolívar con Venezuela. [Caprichos de la casualidad, las páginas de Sábato me hacían saber horas después que fue en ese preciso lugar donde los ingleses vieron llover sobre su invencible escuadrón 71 las primeras caceroladas de aceite hirviendo, allá por 1806. Los viejos muros que me acogían para esta noche, ahora una humilde morada de peruanos, parecían querer contármelo.]
La historia venía del día anterior. O mejor, de hacía un mes. Caminaba yo entonces con un tío mío, que estaba de visita por estar tierras, cuando observé a un chico morochito de unos tres años sentado junto a un viejo en una repisa, una de esas escenas que alguien parece haber armado misteriosamente a la perfección para que un estudiante de fotografía pase por allá (caminando con su tío...) y los fotografíe. "Es peruano, de la frutería de la esquina; yo soy un viejo que tiene tiempo y paciencia, y a veces cuido al chico". El mismo 30 de diciembre, sin planes ni compañía para la Nochevieja, pensé una pequeña jugada, una jugada que sólo necesitaba un poco de confianza latina.
"Hola, buen día: ¿podría verme con este hombre?". En un momento, la concurrida frutería se revolucionó. De ásperos rostros, marcados por el sacrificio de casi diez honrosas horas salían las más sentidas muecas que uno puede apreciar, mientras yo mantenía mi compostura, aún a la expectativa. Vino el padre, luego vino la mamá, incluso mandaron a un muchacho a llamar al viejo. Los clientes intentaban comprender la desconcertante situación. De entre los mostradores apareció el chico con su lagarto de juguete y sin decir una palabra. El viejo Pascua tardó en hacer memoria, pero la foto le ayudó a sonreír. "Ché, si soy yo con el chico... ¡parece que tengo 150 años!". Yo no podía creerlo, pero en menos de un minuto tenía una cita para el lunes en casa de un cliente peruano para que le fotografiara con su mujer y su hijo. Y menos creía aún que me repetiría a ver cuánto le cobraré por la foto, tal como hizo el señor Pascua cuando le pedí permiso. En vista de las circunstancias, resolví el trato con una sencilla comida. Pero seguía solitario para una noche tan especial, por lo que me ofrecí con un sutil eufemismo a hacerles otra sesión a los señores de la frutería, explicándoles mi situación. Tenía alguna que otra oferta de amables conocidos que sabían de mi soledad, pues mis amigos estaban fuera, pero quería hacer algo por mi propio pie y vivir la Nochevieja más genuina de mi vida.
Fernando no ahorró esfuerzos para agradecerme mi presencia, asegurar lo mucho que les honraba mi visita y hacerme sentir como en casa. Algo parecía ir desfasado. A eso de las diez terminaba de cerrar su pequeño negocio, justo bajo mis pies, y mientras las dos mujeres de la casa iban a hacer lo propio con el otro local, yo me entretenía con los dos chicos y después Fernando me narraba su historia. Fue la escalada de cohetes y petardos que nos puso al tanto, y es que eran ya diez minutos sobre medianoche. Las mujeres sacaron un champagne afrutado y brindamos todos por un nuevo año, con una sobresaltada banda sonora que venía de la calle. Yo preparaba la cámara frente a la ventana, cuando, de súbito, alguien me ponía decenas de pétalos de rosa sobre la cabeza. La señora me daba un puñado de lentejas y otros granos bajo el nombre de la plata con las instrucciones de guardarlo, a cambio de un buen año. Lejos de fregar el parqué con lo derramado del champagne, el entablado se regaba "para que la tierra lo reciba".
Lo mismo se hizo con el resto del champagne, rociando los rincones de la esquina de la calle. Fernando sacó unos cajones de fruta y nos sentamos en corro en la acera, como otras tantas familias a lo largo de ambas calles. Pronto aparecieron nuevos petardos y más cohetes, y con ellos otros dos pibes que debían de ser del barrio. Llegó la familia de Noé, con sus dos pequeñas y su esposa, y yo les preparé mi kalimotxo. Al poco llegó Marcelo, el muchacho japonés, y nos trajo una botella de sake. Todo el que pasaba nos felicitaba el año y se llevaba nuestros mejores deseos, por desconocido que fuese. Yo no cabía en mí de satisfacción por aquella ocurrencia, esa pequeña osadía que me había permitido, pero sabía lo mucho que ellos iban a agradecer este gesto mío que en realidad era suyo. Me esperaba para esa noche la más pura esencia de humanidad, sabiendo con quién me juntaba, pero no me imaginaba ni por asomo en qué diversas formas ésta se podía materializar, si es que se puede hablar de que en aquel lugar había algo de material. El colofón lo puso Francisco, el dueño del restaurante de enfrente, cuyo acento lo delataba después incluso de cuarenta y siete años sin pisar a sua terra, Fisterra. Éramos un pintoresco grupo de emigrados, en una tierra donde los únicos naturales eran las niñas de Noé, que dormían en sus brazos.
"¿Viste ya los cohetes? Esto no es nada, hoy no hay mucho que festejar". Francisco nos devolvía a la realidad. Venía del Club Galicia, aunque no eran más de las dos y media. La banda no había tocado, y la gente se había vuelto para casa. Todo estaba cerrado. Ningún boliche había abierto sus puertas, en respetuoso cumplimiento del luto oficial que se había declarado en la ciudad. Yo me preguntaba cómo iba a ser posible contener las ganas de una ciudad tan viva y extrovertida como es Buenos Aires. "Pero esto ha calado muy hondo," me decía después Raquel, una asistenta social amiga. La vida de cada emigrante tenía los más diversos pesares, mas todo se relativizaba por la tragedia de anoche, y lo que de verdad era motivo de festejo es la salud que manteníamos.
La fiesta continuó dentro durante un tiempo, con nuevos invitados, mientras los chicos dormían desparramados por la cama de sus padres, insensibles ya al estruendo de la cumbia que salía del cassette. Eran las 5:30h. y yo también flaqueaba ante el cansancio.
Fernando estaba preocupado por la duda de no haber estado a la altura, lo cual me llenaba de rubor, pues no sabía cómo transmitirle de manera más convincente la alegría que me había colmado. Había sido una noche inolvidable, mucho más intensa y entrañable de lo que me podía haber figurado. No era demasiado tarde, y el colectivo de vuelta me dejaba a dos manzanas, atravesando las calles más inertes que jamás pudiera imaginar. En Crónica TV pasaban el espectáculo de una fiesta privada. El resto de la ciudad seguía llorando.
27/03/2005 06:50 Enlace permanente. Tema: Crónicas de Bs. Aires No hay comentarios. Comentar.

26/03/2005

Historias de 13 Rue del Percebe

A Endika.

Desde que te fuiste... snif, snif. No, no te voy a llorar, sólo quiero ponerte al día de los cambios tan pequeños como curiosos y numerosos que ocurren a diario en el vecindario. Ahora sí, desde que te fuiste.

Para empezar, he tomado el relevo de tus asoleos en la terraza, en los tres metros cuadrados que cuelgan sobre la vecina del cuarto. Te cuento que, entre el cemento, el sol sale a las 15:30h y se pone a las 16:50, con lo que queda una franja horaria no muy extensa pero sí bien establecida, como un buen nicho de la parrilla televisiva.
Como siempre ha sido, la vida continúa cuadra adentro. No veo el parque, ni un paisaje muy lindo, pero uno se puede fijar en la rutina por la cara b de las cosas, si es lo único que tiene. La minita del segundo sigue con sus envidiables fiestas de amigas, ahora incluso las arreglan para entre la semana. Y les ha dado por estudiar juntas, en la elegante mesa del comedor. Cuando terminan, las muy estupendas se mueven al salón, a tomar sus copitas y a discutir sobre sus pechos, pues como tú bien sabes, las manos también hablan. Tranquilo, que te voy a excusar. Fue el guarro de Borja, cuando llegó de Bilbao. ¡Gallego remaleducado!
En el patio, la perra negra sigue sin estarse quieta, aunque ya no esté el niño cabrón de juega en pelotas con ella. Aparte, ya no riega la madre cachonda, sino la abuela (dije abuela, no me preguntes cómo es)...
En el edificio adyacente, a la vista, a mano izquierda, a veces salían gritos de hombres que discutían. Qué raro, los tíos discuten poco, pensaba yo. Hay un par de muñecaquebradas que juegan a hacer Titanic en la verja del balcón. Cuando levanté la vista por encima del libro, no lo podía creer. Luego entraron adentro, y bajaron la persiana. Eran las 16h.
No por quedar bien, pero considero que soy permisivo con este asunto. Aunque no sé si alguna vez es bastante. El locutorio de la calle de atrás ha quitado la "promoción Navidad". Ya no cuesta un peso la hora de Internet, sino que han vuelto al uno y medio. Fue el 10 de marzo, si no recuerdo mal. Contemos diciembre entero y nos salen más de tres meses de Navidad. Nada que tú no sepas. Aparte de la inflación, la novedad es que ya nomás atiende el heavy gordo, sino los de al lado, los de la pelu. El rubito me preguntó, -casualmente, creo que como a ti-, si no era yo el que estaba en el concierto de Bisbal del Luna Park. Yo, que me la sabía, respondí con un rotundo "no". Tal vez, debí pulirlo un poco, pero era un no en bruto, recién extraído. A partir de ese día le doy bola para que vea que no quise ofenderle, si es que lo pensó. Le pago a él los impuestos del Rapipago y le pido permiso para imprimir. Devuelvo afablemente los saludos de su amigo de la peluquería, el del 'pelo Cañizares' que se pasea con ojotas por la vereda, la verdad, parece un tipo muy simpático y comedido.
Pero creo que entonces aquel se tomó demasiada confianza. Me preguntó si vivo solo, así, a botepronto, y le respondí que con el otro gallego que suele venir. Entonces no sé qué dijo que te iba a preguntar cuando volvieras y aduje que ya volabas para España, pero me apresuré a decir que me venía un compañero de piso mejicano, como creía, con lo cual lamenté la posibilidad de despertar aún más su imaginación, la cual podía alentaría en demasía con datos tan exóticos. También le tuve que explicar, cuando lo inquirió, que aquello era un anuncio, lo que valoró con un "está bueno" que intentó sonar de corazón... Luego me deseó suerte para la entrevista (hasta ahí habíamos llegado). Unos días después, me preguntó cómo había ido. "Aún espero el resultado". Le agradecí su interés interesado, o desinteresado, sea como fuere, y salí, inevitablemente hacia el banco frente a la peluquería, el patio de butacas para mirar la pasarela masculina.
Un poco molesto por el exceso de preguntas (hay que pensar que un chico joven con pluma y argentino tiene el triple de labia, al menos, que un recio y cerrado vascongado), decidí buscar un poquito más. A una cuadra de casa, saliendo por French, di con un locutorio al mismo precio, con máquinas nuevas e ideal para conectar mi navaja sin ninguna cabriola y en segundos. Ahora me toca pasarme algún día por el de antes, no vaya a creer, de nuevo, que me ha incomodado demasiado...
Yo tengo un amigo gay. Qué bonito. Yo uno judío. Yo uno gitano. No resulta difícil portarse bien con amigos gays (judíos, gitanos), pero a veces resulta tan difícil tratar a los no amigos, por buena voluntad que se ponga, como lo es ser bueno con quienes no lo son contigo. Uno parece ver fantasmas y se siente un completo gilipollas; pero hay veces en que se cree un niño sin saber interpretar las cosas y se siente un boludo, esta vez por haber dado demasiado.
Lo mismo da, da lo mismo: si quieren, pueden dar la vuelta a estas dos últimas proposiciones.

Novedades de otoño

Hay un par de novedades en mi vida. Tampoco son drásticas, y algunas más están por completarse. No veo el día en que regrese, tengo muchísimo tiempo libre pero la estadía en Buenos Aires, como por inercia, cada vez se alarga más. Por un lado, terminé hace ya varias semanas mi tiempo de viajes. El álbum está casi listo. Es como un ladrillo, pero no tengáis prisa.
El día 8, Endika se volvió a Bilbo, ahora debe de estar con la novia recorriendo Andalucía. Yo volví a mis clases de foto. Bs. Aires recuperaba la rutina, la gente volvía a la universidad y el otoño comenzaba a hacerse notar. Como por arte de magia, me despertaban avisándome de unas prácticas en JWT. Los magos también saber paralizar con la varita y, por ahora, esto está congelado: hice la entrevista, pero llegó la Semana Santa y los creativos no están. La ciudad tiene ahora su veranillo de San Miguel, el sol ha salido con fuerza de nuevo y la gente se ha desbandado hacia el litoral. Mi profesor de foto también se ha tomado unos días, por lo que mi tiempo libre, mucho de por sí, se incrementa hasta el punto de ocupar días enteros. Teniendo en cuenta que estoy solo en casa, agarro la libreta y todo el mundo está con la novia o quién sabe dónde.
Uno tiene que buscar un plan b. De hecho, mi vida aquí tiene mucho de plan b. Estoy constantemente conociendo gente nueva. Por encontrar, he encontrado incluso quien me viole, pero antes de acceder tengo que discernir mis preferencias (rubias o morochas, europeas o mestizas...). No obstante, ha sido toda una novedad, en este país lleno de bellezas histéricas, como llaman aquí a eso de "calentar, pero sin cocinar". Pero, como decía, supongo que hoy terminaré, como en otras veinticinco ocasiones anteriores, en un cine vacío de la avenida Corrientes. Pero, si es así, ni tal mal. Es mi vicio particular, siempre voy al menos una o dos noches por semana. Estoy descubriendo el cine latino, y unas salas que son puros teatros, con recios asientos de madera y cojines de cuero, como las que ya no quedan por allá. Y todo por no saber jugar al mus, pues hoy no quiero ir a mirar cómo juegan en el Laurak Bat. Aquí son un poco más secos que en el Denak Bat de Mendoza. Txema, el bilbaíno, y sus amigas tampoco contestan; Diego estará con Juli y Agus con Silvina. Tampoco hay fecha esta semana, ya que juega Argentina en la altura de La Paz.
He ido a visitar a María, mi propietaria lucense, y así pagarle marzo. La noticia: en diez días me trae un chico español, Rubén, es actor de cine. Las cuatro paredes ya no me devolverán los ecos (de la música, por ahora no hablo solo). Por el momento, tiene alquilado el otro departamento a una "muy linda" chica rubia alemana que acaba de llegar, no habla bien castellano, es joven y está sola con su perrito. Qué sola debe de sentirse... (pero aún no me sé el teléfono). De todas formas, pinta tan tan bien la historia, que seguro que por ahí está Murphy, el legislador de los legisladores, para cagarla. Murphy, a veces, hace sentirse a uno un protagonista de comedia... No seamos ingenuos. Mañana, eso sí, hay fiesta con Martín, o eso espero, con tanta movida en esta ciudad siempre sucede algo que cambia los planes. Ahora, por el momento, me voy a ver la cartelera.
26/03/2005 03:21 Enlace permanente. Tema: Crónicas de Bs. Aires No hay comentarios. Comentar.

24/03/2005

Un día cualquiera en Sta. Mª de los Buenos Ayres

Jueves, 1:27h. Estoy harto de sentarme frente al 'láptop' sobre la colcha del salón, con una luz tenue en este habitáculo cerrado, que no da más que al interior de la manzana, muros de baldosines ennegrecidos y fabulosa anarquía de balcones de aluminio, rejas y plantas tropicales. Sin saber qué decir. Sin saber qué pensar, ni cómo interpretar la vorágine de acontecimientos que ocurren a diario en este hormiguero tan crítico de identidad. A menudo siento que pierdo la capacidad de juzgar los hechos, pierdo la capacidad de sorpresa y simplemente veo y escucho, sin saber a dónde lleva todo esto. Voy a teclear, por no imaginar un paisaje verde, salvaje y solitario, pues no es tan fácil.
...Esta vez es el diario del subte, que me cuenta que "Roban una casa, se escapan en un auto y arrollan a una pareja". Quién fue tan inmisericorde para asaltar, quién tan animal para seguir y quién se olvidó del resto, creyendo que estaba mejor que él. Algo va mal, pero no sé qué es. O tal vez no vaya tan mal, pero la gente se queje de vicio, de la rutina del vicio que voló en avioncitos de papel verde. Eso no es que vaya mal, eso es que va peor. "Se aseguró que saldremos del default". Alguien se salvó, mangó la plata, se vendió, embargó al país. No te la juegues por nadie. Ni siquiera, aquel que venga del súper y te salude amablemente al entrar en el portal, cargado de bolsas, pidiéndote que le sostengas la puerta. Sus iniciales son sospechosas: F.M.I., capaz. Alguien come asado todos los días y luego suma cirugías al segundo país del mundo con más operaciones estéticas.
Cuando sale a la calle, un pibe de tez renegrida pide unas moneditas. Vaya vicio tiene, o tal vez no sea su culpa: su padre, cartonero, se lo indicó hace unos días, cuando salió para trabajar y dormir bajo una manta en la vereda, sobre el cruce, junto a otros pibes: aún es verano. Por el día hace malabares, el pobre pendejo se juega el pellejo entre los autos que traquetean esperando el semáforo en verde. Son tantos los blancos que Argentina tiene difícil dejar de creerse Europa. Para muchas cosas, fue europea. Pero, sobre todo, para aparentar. Los bordillos, los portales, los bancos de la terminal, las escaleras del subte, los vertederos ciudadanos, en fin, las cavernas, todo es bien morocho.
Bandera abajo: el auto sale furioso, envistiendo a todo peatón que ose cruzar un paso de cebra interrumpiéndolo. Bocinazo. La concha de tu hermana... La orquesta improvisa. Sobre la retahíla de tacos se alzan los silbidos del colectivo, frenético; la sirena del Same, los petardos que sobraron de las fiestas, explotando todos juntos. Pancho con Coca, a un pesooo. La torre del Cabildo está hinchada, el falsificador no tuvo tanto tino al acuñar. Llegó el 64. Fue la máquina de los boletos, que no tragaba, quien delató la torre trucha. Maldito el panchero que nos dio el vuelto...
Lo suyo tampoco fue mejor. Se llevó la cara de Mitre, laureado presidente, vendedor del Paraguay, por el bien del puerto rioplatense. El resto del país se pudría, apuntillado por su amigo, el del billete de cien. Ese papel del que nunca te puedes deshacer, pues o te lo afanan o lo gastas de pleno. Los morados no son para el pueblo. Vaya paradoja: este es un país sin cambio, nadie tiene vuelto, aunque otros aún le pondrían un par de ceros más. Y deberían partir los billetes por la mitad. Habría que partirlo por la mitad de la cara de alguno. Pero, ardúa tarea, se debe de tener la cara dura para que te hagan un billete. Hay que soportar mucho manoseo, y a ver quien zafa. Ponerse a salvo de las manos argentinas. Como hicieron YPF*, el ferrocarril, Aerolíneas* o Southern Winds (*a veces es España, como lo fue en un principio, quien viene de yankee). Si el envío va con coca, mejor que mejor, todo blanquito, que no transparente. Una coima al inspector y listo, todo bien. Esto es un dominó, y se derrumba de a poco, antes de que pueda levantarse de nuevo.
Pero yo, argentino de pro, me voy a la cancha a cagarme en la madre que lo parió al referí, y a cantar un poquito lo de "el que no bote es un inglés". Pan y agua. Así, la válvula de la olla sigue abierta. Y no estalla. Mientras, las cloacas, las vías subterráneas del dinero drenan nuevas divisas, que fluyen hacia arriba, como el petróleo. Pocos son más fieles que el petróleo: siempre sube a la superficie, sube de precio y sube hacia el norte. Ya sabes a quién invertir. Tal vez, te agarre y te suba también. Si puedes subir. Pero alguien tiene que bajar. Y se disolverá, tan fácil como el agua de los glaciares, que fluye cauce abajo y siempre hacia el sur. Como los tobas, los tehuelches. Por no hablar de los yámanas. Al sur del Sur. Uh, aquellos. Tan al sur estaban que sucumbieron. Ya se sabe, cuanto más peso encima, la presión aumenta. Eso, o bien se cayeron al mar, como Chile. Pero estos últimos, como no estaban muy altos, no se hicieron daño. Y ahora flotan. Jueves, 2:35h.

(Elaborado tras lo visto y leído en 6 meses: no soy argentino, ni sociólogo; espero no tener una visión demasiado equívoca de esta parte -la negativa- del contexto social).
24/03/2005 03:01 Enlace permanente. Tema: Crónicas de Bs. Aires No hay comentarios. Comentar.


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