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"Irse de la ciudad es fácil. Basta con apretar los dientes y encomendarse a los trenes que hienden la noche".

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04/05/2006

Reciclando

La idea de una entrevista digital adjunta al book no es mía. Pero soy un creativo honesto, y alabo las ideas de otros. Léalo por mero entretenimiento, sólo si mantiene el interés. Tras una criba han quedado las preguntas que pueden aportar algo, aunque nunca serán lo mismo bits mediante.

- Apodos. Los apodos los dicen los demás.
- Lugar de residencia.
Estoy de paso, ahora Barcelona.
- Tu ciudad favorita que conozcas (nacional o extranjera). Colonia S. (Uy), Spoleto, Spello (It).
- Equipo. Alavés y San Lorenzo de Almagro.
- Tu color preferido. Celeste, naranja o negro.

- Mascotas. Gasto en otras cosas.
- ¿Amaste tanto a alguien como para llorar? Sí, por suerte, antes de hacerme mayor.
- Postre favorito. Fruta. Cuando llega el postre estoy lleno.
- Cara o cruz. Canto.
- Color de ropa interior. Aún la compra mi madre, tiene buen gusto; si es lisa, me vale.
- ¿Besas en la primera cita? Valoro.
- Relación estable o “choque y fuga”? Antes estable. Últimamente choque, pero jamás me fugo.

- Lugar favorito para hacer el amor.
El campo.
- Película. “Voces inocentes”, “El cielito”.
- Frase de una película. "La 33 no se vende”.
- Música. De black metal a ska, clásica y folklore.
- Grupo del momento.
Louise Attaque.
- Grupo o solista por quien pagarías lo que sea por ver. Woodstock.
- Programas de TV. La 2, sustituyendo “El Rondo” por “El loco de la colina”; y telediarios.
- Deporte para mirar por TV.
Todos, pero necesito algo más activo que la tele.
- Hora de dormir. Antes que amanezca.
- Palabra o frase.
"Sólo sé que no sé nada".
- Flor. La del cactus (cardoncito…).
- Pasta de dientes. Supersol.
- Comida favorita. Puré de verduras, pizza.
- Bebida favorita. Leche.
- Bebida alcohólica preparada. Kalimotxo, hasta que lo enlaten.
- Restaurante de comida rápida. Kebab.
- Qué negocio elegirías para consumir todo el disponible de tu tarjeta de crédito? Cruz Roja.
- Qué haces con más frecuencia cuando estás aburrido? Nunca me aburro.
- Última película y último video/dvd que has visto.
“El último tren”.
- Último libro que has leído (y el que estás leyendo).
Rayuela; Orígenes de la filosofía griega
- Lugares preferidos para ir a pasear. La costa de Ushuaia; un hayedo; una cresta rocosa; las vías del tren.
- ¿Qué palabras o frases usas demasiado? Che; me quiero matar… (difícil de sacarlas)
- ¿Dónde te ves dentro de 10 años?
Lejos.
- Lo que más detestas. Que el primer mundo no se sienta culpable del tercero.
- Lo que más aprecias. Fijarse en los demás.
- Lo peor y lo mejor. Todo y todo.
- Tu peor defecto.
Me cuesta descartar.
- Una virtud.
“Te dan una piedra y eres feliz”.
* Ser perfeccionista es una especie de defecto virtuoso, así pues, inclasificable.

- Invierno o verano.
Ambos, más frío que calor.
- ¿Tienes novio/a? No.
- ¿Qué haces antes de dormirte? Escribo, oigo música suave y leo.
- ¿Qué destacarías de tu habitación? La colección de matrículas de coche y los ‘frescos’ de la pared.
- Prenda de ropa que te pones más a menudo. Pantalones de montaña cortos.
- La parte de tu cuerpo que más te gusta. Diré las manos.

- Experiencia más divertida. En un tren turco.
- Qué no entiendes. No viajar; aburrirse frente a la televisión; tirar papeles al suelo; no reciclar.

- ¿Crees en algo?
Hasta los 21 iba a misa. Intento no dar palos al aire, no me gusta la inercia. Pienso en qué creo.
- Qué necesitas.
Un trabajo creativo; papel y boli; cámara de fotos; campo; alguien interesante cerca.
- Pequeños placeres.
Más allá de decirlo, vivir como en un juego. Conversar con la gente del lugar; los hierros viejos; los cines vacíos; el Trivial; los trenes miniatura; enumerar cosas; coleccionar; los apaños caseros.

04/05/2006 08:57 Autor: entrelasvias. Enlace permanente. Tema: El autor Hay 3 comentarios.

19/04/2005

Acta de cesación (no firmada aún) o Plan de choque

(Justificación para abandonar el diario personal).

Hoy es uno de esos días en que sí quiero escribir, pero precisamente estoy cansado de la monotonía y de algunos anclajes. Y sobre eso voy a rumiar mis primeros pensamientos. El tema es recurrente, es algo propio y cercano, tanto como un diario propio sobre el cual voy a indagar.

La historia comenzó en 1.998, hace ya seis largos años, a raíz de un desencuentro amoroso juvenil causado por una persona que, estoy seguro, desconoce la relevancia que sus antojos tuvieron para mí. Creo que era la segunda ocasión en que me sentía utilizado. Por aquel entonces, yo era un mocoso amable con una sonrisa permanente que a mí me parecía patética, pero que debía de resultar agradable en mi cara de angelito recién llegado a un colegio nuevo donde fui a caer. La verdad, no creo fustigarme demasiado con esto pues yo no tenía la culpa de esa inmutable felicidad externa, algo que tampoco era exclusivo de mi ser, simplemente me avegonzaba. Por dentro, yo seguía considerándome pesimista, pero ante los momentos de nerviosismo o vergüenza mis músculos faciales reaccionaban con una tensión muy definida y ascendente. Así pues, mi infancia no fue triste, tampoco dura. Esto es algo por lo general poco valorado y que no me habia parado a considerar hasta ya bien crecido. Me rodeaba un ambiente favorable y no manifesté ningún motivo para sufrir la extrema impiedad que reside en todos los nin~os. El caso es que, cuando ya crecía, una serie de `rollos` demasiado fugaces me hicieron creer que para algunas chicas yo era una suerte de capricho, pero a la vez tan poco apreciado que en unos pocos días podían arrojarlo a la basura. Una de estas desventuras, en la que creí ser desbancado por la picardía de un incompasivo amigo muy dado a chicas ajenas, reviví una antigua fórmula de los veranos, cuando escribía con simples secuencias y torpes tecnicismos de niño que imitaba a los mayores, mis vacaciones familiares. Lo llamé "Comecocos". Esta vez no era sólo con el propósito, tan primitivo y definitorio de mi persona, de recolectar (sucesos). Era el bálsamo con que intentaría atajar la crueldad sin escrúpulos de aquellos primeros desamores.

Pero se convirtió en algo más. Fue el detonante para mi colección más numerosa de todas. Ya no era necesariamente un `manual de gestión de problemas`, pero sí una herramienta para conocerme, ya que hablar de uno no era, ni es, nada fácil. Durante más de tres años el soporte fueron cuadernos, algunos de ellos simple propaganda de laboratorios médicos que mi madre me traía, yo escribía y dejaba sobre un mueble. Nada de hojas a rayas y tapas con llave que guardara debajo de la cama; después, escribiendo un e-mail, descubrí que mi capacidad de redacción aumentaba sorpresivamente cuando me enfrentaba a la pantalla (cuando pesa demasiado, lo imprimo y encuaderno). Ahora sólo recupero el bolígrafo o la pluma para continuar durante mis viajes.

Para comenzar a valorar, es evidente, ya solo por la forma en que lo escribo, que este modelo mío de registrar el pasado o de aterrizar mi ser pasa en estos días por una difusa crisis (es algo etéreo que no termina por mostrar sus consecuencias). No por ello sufre mi afición por escribir, pero sí me demando a mí mismo cierta prolijidad basada, sobre todas las cosas, en las ganas y en la predisposición. Porque ya hace cerca de dos años que mi diario físicamente lo sigue siendo, tiene la apariencia de un almanaque así de regular, pero realmente lo redacto con una cadencia que va desde los tres, pongamos, hasta los siete o diez días. Y, obviamente, esto depende de las ganas que en cada momento tenga, pero el relax y esa flexibilidad los limita el riesgo de olvidar los hechos punteros que me permitan registrar, al menos, algo de cada uno de los días. Es por ello que procuro no pasar de las cinco o siete noches sin escribir.
Por otro lado, cansado a menudo de mi esfumada capacidad de síntesis, que no sé dónde fue a parar, revierto esta teórica desventaja de la irregularidad en las formas en algo tan positivo como una selección natural de los hechos por su relevancia, trabajo que ya sin mayor esfuerzo acomete la memoria que ha permanecido sobre los hechos más notorios o decisivos para mí. Con ello soy más capaz de sintetizar los días en unas pocas líneas que a veces completo recapitulando si me he pasado de escueto.
Cuando termino de actualizar la historia de mi juventud me siento varios kilos más liviano, y de nuevo me permito desentenderme durante unos cuantos días. Pero no es como bola encadenada a mi pierna la forma en que quiero conservar el diario, sino que barajo ya la opción de escribir también regularmente pero fuera de reglas temporales los acontecimientos que estime más relevantes. El problema que surge es si esa libre regularidad que persigo se concretaría sin problemas.
Estamos en pleno siglo XXI, y pese a que mis asimpatías con los tiempos afloran sea en el campo que sea, la vida deja de ser la misma del siglo pasado, y aunque me resisto contra viento y marea a muchas de sus manifestaciones, he acatado algunas. He ido a caer en un weblog, una página de Internet diseñada como por encargo y destinada a las masas que facilita la publicación de bitácoras y cuadernos personales. Algo así como lo fue la fotografía, esto es la democratización del arte (del arte de tener un público, pues escribir para uno casi siempre fue democrático). Y, bueno, siempre he escrito sin aspirar a nadie, pero al mismo tiempo soy una persona de mostrar -de mostrar casi todo- incluso los pencos más irritantes u otras vergüenzas de tal calibre y así de innecesarias en la casa propia. Por eso que no ha sido demasiada traba el hecho de cuidar un poquito las formas y a cambio poder colgar mis relatos. En esta nueva dimensión se da el añadido de poder comprobar el bagaje de lecturas que se hacen de la página, algo que he descubierto como reconfortante y que ayuda a mantener la ilusión mientras no se pase de su límite. Es como un pequeño juego. Además, entre otras muchas cosas, siempre he sido un gran admirador de los números, fuera de supersticiones matemáticas, desde las estadísticas hasta las matrículas de los coches. Todo esto forja una especie de responsabilidad en la necesidad de añadir textos y de mantener una mediana actualidad, todo si se quiere fidelizar a la pequeña audiencia que pueda sustituir a la colección compulsiva, y ya pensaba que nociva, de 2.343 días de mi vida.

19/04/2005 22:21 Enlace permanente. Tema: El autor Hay 1 comentario.

28/03/2005

Artículo único (CV)

6Licenciado en Publicidad
e intentando saber ¿para qué?
Buscando unas prácticas de creativo
pero con miedo a acomodarse.
Viajando
para no mirar atrás y lamentar
el tiempo que se fue durmiendo.
Mirando a Europa desde lejos
para darse cuenta de quién es.
Escribiendo en tinta o bit
para aprender a hablar sin cámara.
Estudiando fotografía
para viajar mejor en la rutina,
para aprender a mostrar sin escribir.
Callándose
para aprender a escuchar.
Buscando un alma pareja
para dar lo mejor de sí.
Sin volver a casa
mientras se pueda ir más allá.

PZP, El Maquinista

Zürich HBH, CH. Foto por el autor
28/03/2005 05:21 Enlace permanente. Tema: El autor Hay 6 comentarios.


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