==/EntrelasvíaS/==

"Irse de la ciudad es fácil. Basta con apretar los dientes y encomendarse a los trenes que hienden la noche".

Temas



Enlaces

Se muestran los artículos pertenecientes al tema Mi mochila y yo.

05/11/2006

Cd Alegría

20061105064841-pa292925-medium-.jpg

Estaba yo en Rissani, cerca de Er Rachicia (Marruecos), cuando desde el 4x4 vi un explícito "Caja Vitoria" en una camiseta con apariencia del Valladolid. Me bajé, averigüé y comprobé, incrédulo, que era... ¡del Alegría!

 

Zorionak Aitor Arrieta por el alcance mundial de tu club.

 

Aio,

Pablo.

05/11/2006 02:49 Autor: entrelasvias. Enlace permanente. Tema: Mi mochila y yo Hay 1 comentario.

04/11/2006

Sahara

20061104210136-pa292847-medium-.jpg

No me preguntéis qué hacía en el Sahara el fin de semana pasado.

Visitad el nuevo blog, donde a partir de ahora tendré un diario paralelo, más fotográfico.

 

www.caminandoporlasvias.blogspot.com

Saludos,

Pablo.

04/11/2006 17:02 Autor: entrelasvias. Enlace permanente. Tema: Mi mochila y yo No hay comentarios. Comentar.

15/09/2006

Slavrail'06: entrando al Nuevo Occidente: el Karst, Postojna (II)

(Perdonen la ausencia de puntos y aparte, pero el cuestión del Navegador).Se respira tranquilidad en la estación de Monfalcone. A media hora de Trieste, no tan esquinada del mapa, la estación es atravesada por multitud de trenes regionales y expresos. Sin embargo, pese a ser el punto donde se bifurca la vía para cruzar a Eslovenia, esta condición sólo le aporta dos servicios diarios más, por lo que, aparte de algún mochilero extranjero anclado, la gente se apea y desaparece, o bien aparece, embarca y desaparece. Para nosotros, lugares así constituyen un respiro para cuerpo y alma ya que, al no tener alternativa, la cabeza deja de maquinar y uno espera postrado a lo largo o leyendo en uno de los muchos bancos vacíos.Con una hora de retraso -acumulado antes de la partida en Venecia-, el tren nos recoge para recorrer unos inútiles kilómetros prácticamente en paralelo a la vía de Trieste. Hemos tomado un desvío prácticamente abandonado pero, por extraño que parezca, es un trayecto internacional. Esta frontera soportó demasiada presión como para establecer una comunicación fluída. Allí cerca, pero ladera arriba, está Scezana. Se ven los primeros vagones eslovenos y los primeros gendarmes que, una vez detenido el convoy, controlan los pasaportes. Durante la espera, por sorpresa, encuentro una pareja de vitorianas.

 

La región sudoeste de Eslovenia es el famoso Karst, Carso en italiano, que da nombre a los terrenos calizos de todo el mundo, por repetir el mismo fenómeno de erosión acuosa y formación de oquedades. Valles frondosos y rocas puntiagudas, un paisaje que nos es muy familiar. A la media hora de trayecto esloveno nos detenemos en Postojna, topónimo de las famosas cuevas que son bandera del Karst. En el tiempo en que el tren permanece detenido, nos convencemos de la conveniencia de "matar ese pájaro" cuanto antes y saltamos del tren. Extraña sensación la de verse en mitad de una estación vacía, donde tan sólo tras la puerta abierta del jefe parece latir algo. Nos asomamos a la oficina: un par de señas y dos palabras entendidas, ínfima pero suficiente renta para llegar a las cuevas. Llama poderosamente la atención la prolijidad y colorido que se ven en derredor. Y es que durante tiempo confundimos a los países del este con dictadura roja y monopolio de grises. Salimos. Junto a la carretera flanqueada de grandes plátanos, una impecable vaporera de los ferrocarriles italianos, testimonio histórico y claro símbolo aperturista, nos saluda en su peana de vía muerta.

 

Serpenteando en dirección al pueblo sólo encontramos obreros pavimentando y fachadas sencillas pero coloridas, señalización de primera y signos de vida floreciente. Atravesamos el núcleo urbano, pasamos por el súper y nos hacemos llegar a las inmediaciones de la cueva, provista de un inmenso párking y monumental boulevard turístico. La entrada a la cueva no la olvidaré nunca: un vestíbulo y unas pequeñas escaleras que van a parar a un corredor largísimo; dos pares de raíles, de apenas 0,80 m., que lo atravesaban a lo largo al pie de un escalón; y de pronto, un trenecito amarillo de vagones abiertos aparece ante nosotros. Es obvio, debemos montarnos. Una vez en él, nos abrigamos y arranca.

 

El frío se hace notar inmediatamente. Atravesamos a velocidad respetable galerías que parecen infinitas, entre fantasmales, tenebrosas formas que iluminadas desde el suelo proyectan sus sombras en la penumbra de los techos. Viajamos sentados, inmóviles para psicológicamente evitar el frío, pero mirando a todos lados. Recorrido un buen tramo, hay un momento en que el tren se detiene. Una vez que la masa desciende de las vagonetas comienza un recorrido andado, de cinco kilómetros, por escenarios que uno no imaginaba en este mundo. Dicen que, entre vía y camino, hay diez kilómetros acondicionados, pero que en realidad hay varias decenas más de kilómetros de túneles explorados y más aún se esperan encontrar. Son tantas las galerías que se entrelazan que permite al tren cambiar de sentido en círculo siguiendo un circuito más o menos natural, así como trazar un ocho - puente mediante - en cierto lugar del camino; y las salas que se forman son tan diáfanas y altas como para organizar allí un macroconcierto con buena acústica. Pero lo insólito, lo verdaderamente impresionante es que no son esas salas espacios vacuos, sino que cuentan con un atrezzo de lujo: auténticos helados de piedra, de muchas bolas, rebosantes como las que ponen los heladeros generosos, con chorretones rocosos que se derriten sin remedio al estilo de los personajes de Baseman. (O más aún, como fósiles de descomunales medusas que hubieran quedado grotescamente paralizadas para la eternidad) pero a diferencia de los helados, de las Fallas de Valencia o de cualquier alegoría similar, la fuerza de la gravedad no implica destrucción, sino que es la esencia creativa, todo y que a veces, debido a corrimientos o a la fuerza de su propio peso, enormes estructuras se quiebren y yazcan para siempre atravesadas a los pies de las demás, siendo anfitrión y punto de partida de otro goteo milenario.

15/09/2006 11:46 Autor: entrelasvias. Enlace permanente. Tema: Mi mochila y yo No hay comentarios. Comentar.

04/09/2006

Slavrail5: Treviso y Trieste (I)

Hay mucho por contar. Y mucho que ordenar, por eso la pausa que me he tomado. Finalmente, tocamos Dubrovnik por el sur y Gdansk por el norte. Hoy empieza el 5º inter·rail:

 

Apenas a unos minutos de Venecia, también parte del Venetto, Treviso tiene mucho de su vecina mayor pero no por ello carece de una identidad propia. Situada en tierra firme, su orografía no deja de ser sencilla y el agua está igualmente presente. Tal vez menos gótica y más barroca, la arquitectura en Treviso ofrece sin embargo el enorme palacio llamado “dei Trecento”, obra de Palladio, y varios edificios pintados al fresco, práctica característica de la ciudad. Pero Treviso es una “ciudad rural”, y pese a su monumentalidad, en ella la vida discurre al ritmo de las ruedas de sus cuatro antiguos molinos. Antiguamente Tarvisium, fue levantada en la confluencia de dos ríos menores y está surcada por varios canales. La casi quietud de las aguas, los sauces llorando sobre ellas, las numerosas villas, la cadencia de los propios molinos o la introspección de sus calles porticadas, la insignificancia de la propia gente en las terrazas de la plaza, tan mínima bajo la enorme piedra del palacio, o la frialdad de la enorme catedral, que le queda grande, casi hacen excesiva incluso la denominación de ciudad. Treviso es, pese a sus 90.000 habitantes, color verde y sonido de agua.

 

El trayecto hasta Trieste se hace vía Udine, atravesando la llanura que separa los Alpes Orientales y Julianos. Conocemos a bordo a un grupo de ferroviarios y estudiantes de Turismo preparándose para su futuro de revisores, que a la postre pondrán a prueba su aprendizaje guiándonos en nuestra llegada a Trieste.

 

El caso de Trieste es interesante. Sólo fue después de la Segunda Guerra Mundial que pasó a pertenecer a Italia, tras más de quinientos años de dominación austriaca. Tal vez ayuda decir que los últimos veinte kilómetros de vía férrea transcurren casi volcados sobre el mar, por una estrecha franja entre el Adriático y territorio esloveno, formando uno de esos caprichos a menudo desgarradores de pueblos que se intuyen en algunos mapas con pasado convulso. Inmediatamente a la anexión se construyó la Piaza dell’Unitá, la más grande del país, sensación muy lograda por su disposición abierta al mar. Con apenas restos romanos o venecianos, las reminiscencias preitalianas más notorias responden al enfrentamiento entre partisanos balcánicos y nazis o a la iglesia serbia ortodoxa. Tergeste primero, Trst para los eslovenos, la fisonomía de la ciudad actual es neobarroca y austrohúngara, con amplias avenidas -donde el relieve lo permite- de edificios sobrios y fachadas ennegrecidas, de ciudad grande sin serlo, canónica y tal vez italianizada a la fuerza. Pero lo más destacable de Trieste es, igual que en Treviso, el lugar donde el agua y la vegetación colindan. De pronto, apenas uno se aleja del centro comprueba cómo el bosque se lo come todo y lo empuja contra el mar. Más salvaje, más romántica, es Trieste el perfecto reducto literario, antiguo lugar de veraneo de los Habsburgo y de inspiración de los poetas. Rilke, Joyce o Stendhal se hicieron triestinos e hicieron a Trieste universal desde sus castillos y cafés. Un largo paseo costero, de roca y árboles y aguas transparentes, lleva sin ninguna prisa hasta Miramare, el primero de los castillos, que parece felizmente olvidado, en medio de nada, casi inaccesible por tierra. Y a pocos kilómetros se encuentra el Duino, encaramado sobre una atalaya al mar y despidiendo al visitante de la ciudad por la que seguirá velando, in situ y hasta en la última guía de viaje.

04/09/2006 13:51 Autor: entrelasvias. Enlace permanente. Tema: Mi mochila y yo No hay comentarios. Comentar.

15/08/2006

Seg'un sople el viento

Vaya con las alegor'ias medi'aticas. No soy muy freaky de ESDLA, pero tras viajar a Ushuaia, me percatće de que los paisajes de Tolkien no existen s'olo en Nueva Zelanda. Ahora s'e que tampoco existen s'olo en NZ y Argentina. Est'an al menos en la mayor parte de Croacia, desde Rijeka hasta Dubrovnik,m donde ahora estamos. Tambiđšen sše que el ćcoliseo no sšolo est'a en Roma, tambiu'en en Pula, y Dragones y Mazmorras y la gran disco en la ciudad subterr'anea de Sion tambi'en podr'ian tener lugar en Postojna, Eslovenia.

Seguramente, Kotor, en Montenegro, es lo m'as espeluznante que veamos nunca, pero tal y como van los planes, es probablew que lo dejemos para un futuro viajecito de semana Santa, junto a Serbia, y que terminemos este recorrido estival, antes de volar desde Bratislava el d'ia 25, en Gdansk, Polonia. Pero no hag'ais caso, pues de la idea al hecho... hay cientos de kil'ometros de v'ias f'erreas.

 

Do viđenia!!!

Pablo.

PD: qu'e cosas hace este teclado: klčćžđš. Y ol'e.

15/08/2006 12:26 Autor: entrelasvias. Enlace permanente. Tema: Mi mochila y yo Hay 1 comentario.

01/05/2006

Momento uno.

Verde, más verde. ¿Y en verano, no era verde? Incapaz de recordar. Los trigales eran igual de frondosos ayer, 29 de abril, que los tupidos quejigales y hayedos sobre ellos en las laderas de Oskia. La masa cromática verde era toda una. Inundaba la retina de manera tal que me era imposible recordar los ocres, por cojones fueron ocres, de aquellos campos durante tantos trayectos estivales u otoñales.

La ansiedad ansiosa me había hecho por fin mezclar a Herodoto con el Peer Gynt al tiempo que permanecía con la nariz arrugándose en el cristal viendo pasar pinitos. Siempre la misma historia, me había llenado la mochila de gadgets pasarratos y lo único que hacía era contemplar. Lo único malo de viajar en tren es repetir los paisajes, siempre digo, y de ahí el arsenal. Además, preveía "dormir la mona" tras la celebración de la víspera. Sucedió algo extraño, esta vez me puse los cascos. Y caray, entrar en el paso rocoso fue casi mágico, sobre la pasarela que evita los rápidos del río, entrando el el tunel barrenado y, mierda, comprobando como en Oskia, debido a esa fatal cantera, cada vez queda menos piedra. Pero tal vez producto de la música, en lugar de volver a indignarme, como en cualquier otro momento, ayer suspiré resignado y seguí deleitándome como si aquella reliquia de Renfe (432, 1970) fuera el Tren Bala que volaba.

El azar, o cualquier cosa, me hizo seguir los particulares estratos de la Sierra de Aralar, recién aparecida, hasta detener la vista en el santuario de San Miguel, allí en la cresta, camuflado por los grises. Empecé a ver en él, o en la mancha que siempre parecía, más longitud de la esperada. Una sugerente torre románica y algunas dependencias con pinta de casa de ejercicios, o de Nombre de la Rosa. Era realmente imponente, si siempre había obviado esa mirada detallada que ahora dedicaba a semejante pequeñez era nada más que por su lejanía. De pronto me habían empezado a cruzar la cabeza un sinfín de imágenes concretas, sensaciones, lugares inventados, reminiscencias de templo chino casi flotante. Ermitaño, Kalambaka, Tigre y Dragón, Lahsa, tinta, monje calvo o nadie, la verdad del mundo debía de estar metida allí arriba.

Me sorprendía tanta actividad mental para un momento tan contemplativo. Con la vista fija en la montaña, las neuronas se reactivaban sorprendentemente sobreponiéndose al letargo post-fiesta que traía, y todas las células del cuerpo parecían de pronto agitarse pese a que el tren aminoraba la marcha con suavidad. Menuda fantasía. En segundos, los muros de la estación de Huarte-Arakil, a apenas cuatro metros de la vía, sustituían cruelmente a todo aquello. Pero el momento fílmico no había terminado: los instantes de rigor frente al cemento del paredón me permitieron percatarme de nuevo de que aquella experiencia era claramente audiovisual. Y al arrancar, según el muro terminaba y dejaba aparecer de nuevo el majestuoso escenario -perfecto travelling- reconocí en mis oídos, resurgiendo con fuerza, el Moldava de Smetana. Dentro de aquella burbuja, casi quería reírme y no tenía con quién. Vaya cara de gilipollas debía de tener, allí alejándome, pero no importaba, ahora casaba todo.

01/05/2006 00:07 Autor: entrelasvias. Enlace permanente. Tema: Mi mochila y yo No hay comentarios. Comentar.

17/10/2005

Viajar solo

Acabo de recibir un email de Montxo. Lleva una semana en Nueva York. Los mails de Montxo los leo con especial ilusión, ya que no son los típicos mails. Son las atípicas cartas de puño y letra que adquieren otro formato más veloz. Dice que prevé una costosa adaptación "para un paleto de pueblo" como él. Nunca pensé que lo fuera, eso son palabras suyas, pero indudablemente ahora lo es menos. Me resume su experiencia en Marruecos, decidió irse comprando un Interraíl para paliar la tensa espera para trabajar en el diario neoyorquino. Se fue sólo, claro. A ambos sitios. Generalmente, esto suena a locura, pero hay que ir más allá de las generalidades. Me sentí totalmente cómplice cuando me llamó para pedirme consejo: "me largo a Marruecos". -"Pero, y los de NY?". -"Ahora, que esperen ellos". Le dije las cuatro recomendaciones útiles que yo le podía aportar para armar un viajar en tren, después sería labor suya purgarlas y descifrar el modus operandi de los ferrocarriles alauitas. Como aficionado, yo sólo sabía que en Marruecos hay cuatro líneas mal trazadas.

Hace unos días, una voz de mujer robotizada me leía un mensaje en el teléfono de mi casa (caray, Montxo, vaya voz...). "Estoy embarcando para Nueva York. Ya te contaré desde allí". Hoy me dice que se llevó una agenda en el tren, y que sólo le quedaron dos páginas blancas".

Viajar solo es conocer el doble de lo que uno vería yendo acompañado, a costa del disfrute de compartir momentos únicos. Es una simple cuestión de preferencias. Lo único importante es no quedarse sin viaje porque los demás se queden voluntariamente sin él. Algo demasiado típico. A mí, algunos arrebatos de fuga me ha proporcionado sensaciones tan inolvidables como sentirme vikingo bajo un atardecer rojo en la 'costa gótica' alemana, subir al World Trade Center tres martes antes de su caída o viajar en una locomotora a vapor real a punto de descarrilar. Pero más allá de hechos puntuales, viajar solo es dividir el momento entre el lugar y uno mismo, eliminar cualquier otra variante que no sea autóctona, la propia mente procesando unos datos hostiles al ciento por ciento. Uno se mide a sí mismo, comprueba su grado de desenvolvimiento y vive por un período al antojo de aquel paraje. Cambia de hogar día tras día y se olvida del teléfono móvil e, incluso, puede decidir no ver un ordenador. Eso ya es el súmum.

Al regreso, uno se mide y se pesa, es inútil; él siempre se ve más grande. El cerebro, la galería de imágenes almacenadas, la capacidad de comprender a las personas, de explicar los problemas endémicos, se expande como el universo, es informe, es concreto pero no limitado. No se puede explicar, no te van a entender, sólo te puedes aproximar. Y, en el mejor de los casos, conseguir que alguien te llame y te diga: "me voy... ¡a tomar por el culo!".
17/10/2005 19:02 Enlace permanente. Tema: Mi mochila y yo Hay 2 comentarios.

06/06/2005

CV

Antes de continuar en el trecer vagón de El Gran Capitan, he tenido una absurda idea que me va a dejar muy contento. Dicen que los ránkings son inútiles, y bien, esto no es un ránking en su sentido estricto. Simplemente tengo una extraña manía, hacer listas de cosas. Creo que puede tener una explicación similar al gusto por los kinitos de "nombresdé", o si no por el lado del coleccionismo (lugares, momentos). Aquí va un CV, currículum viajero (en tren, obvio), que puede interesar a algunos de los ferrofanáticos que he conocido en los últimos días.

-Pases ferroviarios
4 pases Interraíl (Europa, aprox. 100 días, 300 combinaciones)

-Grandes líneas o expresos tomados:
Glaciar Express (Brig-Zermatt, CH)
El Gran Capitán (Bs. Aires-Posadas, AR)
Fatih Exkspresi (Eskisehir-Esmirna, TK)

-Ferrocarriles singulares tomados:
Le Train Jaune (La Tour de Carol-Villefranche, Midi-Pyrénées, FR)
Cremallera de Kalavrita (Diakoptos, GR)
Bayona-St. Jean de Pied de Port (FR)
Ferrobús Plzen-Fürt im Wald, (CZ-D)
Subte A, 1928 (Bs. Aires, AR)

-Diésel/eléctrico turísticos visitados:
Tren a las Nubes (Salta, AR, unidad en talleres)
Tren Patagónico (Bariloche, AR, sólo instalaciones)
El Transcantábrico (Cantabria, E, unidad en ruta)
Al Andalus (Vitoria-Gasteiz, E, unidad en expo. itinerante)

-Vapor turístico:
Rasender Roland, Rügensche kleinbahn (instalaciones, Isla Rügen, D)
FC del Urola, Zumarraga-Zumaia (tomado Azpeitia-Lasao, Gipuzkoa, E)

-Vapor real:
Servicio de carga (tomado Encarnación, PY)

-Trenes fotografiados en Benelux (3), Italia, Rep. Checa, Austria, Dinamarca, Cuba, EEUU (NC, SC, NY) y ya nombrados.

Los he clasificado según consideración propia. No incluyo los trenes turísticos "futuristas" como el Tren de las Cataratas ni el Tren del Fin del Mundo. Rubén, lo siento, tampoco incluyo tu Tren Chu-chu de La Blanca. Tus hermanos me invitarán, ¿no?
06/06/2005 05:17 Enlace permanente. Tema: Mi mochila y yo Hay 1 comentario.

01/06/2005

Al otro lado del Paraná

Escribo en un intervalo de este aluciviaje. Odio, con todas las letras, conectarme a internet cuando estoy fuera de casa y a otra cosa. Pero mi imprevisto anfitrión tiene un cyber y aquí es donde le espero.

Por algo lo llamaban Yaci Reta, "dónde brilla la luna"...
Hasta pronto. Ja jo'echa pe'e!

Pablo
01/06/2005 21:07 Enlace permanente. Tema: Mi mochila y yo No hay comentarios. Comentar.

30/05/2005

Cambio el mate por el tereré

Hola a todo el mundo. Anuncio que estaré ausente del blog por unos días, al menos hasta el jueves. El motivo: a las 17:30h. agarro "El gran capitán", un tranquilísimo tren que sin ninguna prisa llega, en 28 horas, hasta Posadas, capital de Misiones y frontera con el Paraguay. Mi destino, la ciudad de Encarnación, al otro lado del Paraná, donde aún persisten (al menos, ayer noche) tres locomotoras en servicio... ¡a vapor! No me quiero perder estas joyas del pasado, al parecer las únicas en todo América. Aunque, como siempre, no sólo el destino del viaje es el destino.

"There is a traaain..."
30/05/2005 14:20 Enlace permanente. Tema: Mi mochila y yo No hay comentarios. Comentar.

02/04/2005

"De aquí no me olvidaré nunca..."

4 - Ecos pasados pq.jpgDe repente, me estoy dando cuenta, esta noche me apetece volver a Europa, pero pasándome España de largo. Se me ha ocurrido juntar una serie de parajes exóticos y apartados de las vías París-A'dam-Berlín. Por supuesto que se llega en tren, y sin cruzar medio mundo. Cada vez se escucha más eso de "me quiero largar pero no hay plata": tal vez sea porque pensamos en un vuelo al Caribe. A ver quién me da la primera alegría y me manda una postal desde uno de los siguientes lugares perdidos. Algunos están a tiro de japo:

Siracusa
(Silicia, I)
Bari, casco viejo
(Bari, I)
Cremallera a Kalavrita
(Peloponessos, GR)
Éfeso y trayecto Eskishehik-Esmirna
(Izmir, TK)
Albi
(Midi-Pyrénés, F)
Crómlech de Carnac-Dinan-St.Malo-Caen
(Bretaña, FR)
Ruán
(Normandía, FR)
Colmar-Riquewihr
(Alsacia, FR)
Annecy
(Saboya, FR)
St. Jean de Pied de Port (Donibane)
(Iparralde, Aquitaine, FR)
Triángulo Nîmes-Avignon-(Tarascon)-Arles
(Languedoc-Roussillon, F)
Göltzschtalbrücke (http://www.goeltzschtalbruecke.de)
(Reichenbach,Sajonia, D)
Stralsund
(Renania-Palatinado, D)
Cremallera Glacier-Express
(Davos-St.Moritz-Brig-Zermatt, CH)
Texel & co.
(Islas Frisonas, Noord Holland/Frisia, NL)
Leiden-Gouda
(Noord Holland, NL)
Gante (Gand/Gent)-Lovaina (Leuven)
Flandes, BE)
Tournai-Dinant
(Valonia, BE)

Se admiten añadidos y correcciones.
Foto: antiguo túnel del ffcc. del Plazaola. Paseo del Arga, Iruña-Pamplona. Por el autor
02/04/2005 15:00 Enlace permanente. Tema: Mi mochila y yo Hay 2 comentarios.

29/03/2005

Cómo sobrellevar Bolivia

Luna_blog.jpgBolivia tiene los escenarios más siderales que he tenido el placer de disfrutar. Pero vayamos a las personas que, cuando se puede, los habitan. Aquello será otro capítulo.

El país más pobre de Sudamérica es una tierra desangrada y anclada en el tiempo por las grandes potencias del norte. La invasión y la primera subyugación fueron españolas; la expropiación corrió a cargo de Chile, Brasil y Paraguay; el vaciamiento, no posterior sino constante, inglés y estadounidense (que no americano, porque: "por el camino, perdimos incluso el derecho de llamarnos americanos", Eduardo Galeano dixit). Un 42% de los ocho millones de bolivianos vive en el campo y un 23% es analfabeto.
No me imagino el cruce de los datos y el porcentaje total de población rural analfabeta. Este panorama, más allá de los ponchos de alpaca y llama y de los simpáticos sombreros de bombín de las mujeres, termina por desquiciar al turista. La infraestructura es paupérrima (en 1998, sólo cinco o seis rutas del mapa aparecen como asfaltadas) y cada pregunta conlleva una respuesta trampa en forma de "sí", monosílabo de uso universal y absolutamente comodín. Pero la regla más importante que uno debe tener presente, y jamás olvidar, es que estas gentes viven mayoritariamente ligadas al trabajo físico de una u otra forma, en unas condiciones lamentables de alimentación, higiene o educación, consecuencia de siglos de sangría más o menos vistosa o encubierta. Antaño, los pulmones de los incas sucumbían bajo el Cerro Rico de Potosí; desde hace menos, los locales lo hacen llenos de estaño en minas poco más modernas. Nadie que los visita ha de olvidar qué él, y sólo él es el turista, pero que aquellas carencias que ha elegido vivir por unos días, ellos las sufren como un destino infinitamente más definido y contundente. Ya que el norte no va a invertir jamás en el progreso boliviano (en términos económicos, invertir se traduce en la práctica como saquear), paguémosles al menos con un mínimo de paciencia. Y sé que cuesta, y desaparece por momentos. Vaya con la mente abierta y, sobre todo, no haga planes hasta una semana después de su presunta salida del país. En Bolivia, más que en ningún lugar, viva el día a día.

Borja Barandiaran mirando la Luna cerca de Uyuni. Foto por el autor.
29/03/2005 01:12 Enlace permanente. Tema: Mi mochila y yo No hay comentarios. Comentar.

27/03/2005

De Chemnitz a Karl-Marx-Stadt, billete de ida y vuelta

Remontaba la ladera, reponiéndome aún de la contemplación de la “octava maravilla”, según dicen los sajones, hasta que alcanzo por fin el apeadero de Netzschkau, en la línea Leipzig-Hof–Munich. Acababa de escudriñar el gran puente de Göltzschtal, veintiséis millones de ladrillos impasibles desde 1851. Tuve entonces una curiosa idea, aunque suponía alejarme de nuevo hacia el noroeste. La sometí a votación: mi mochila se abstuvo; las nubes también se contuvieron; yo dije sí, y gané por mayoría:

El solo cambio de denominación de la ciudad me llamó en busca de un poco de historia moderna (de Chemnitz a Karl-Marx-Stadt, bajo el régimen de la URSS y de vuelta a Chemnitz con la reunificación). No muy orientado, salgo del edificio de la estación. Ante mis ojos, el Hotel Carola, grandiosamente en ruinas. Un vívido memorial de las penurias de la RDA que perdura con orgullo en el tiempo. No hay duda de que otrora fue lujoso. Recorro amplias avenidas, demasiado vastas para tamaña soledad. Una enorme cabeza de bronce recuerda dónde estamos, mientras una fachada políglota implora a los proletarios del mundo.
Cruzar la Avenida de los Puentes es cruzar el tiempo. Así, frente a Marx, un desafiante bloque de cristal ofrece veintisiete plantas de habitaciones bajo la imponente seña Mercure. Unas manzanas más allá, el centro neurálgico de la ciudad lo preside no el bello y ennegrecido ayuntamiento, sino una (cómo no, descomunal) galería comercial Kaufhof. Cinco plantas de escaleras mecánicas, a falta sólo de un anagrama triangular, verde ya es.
Regreso a la estación, en el guetto, a este lado del muro de la Avenida de los Puentes. Camino por el anden, bajo una interminable marquesina eiffeliana, anaranjada por el óxido y el ocaso. Los hierbajos se apropian del suelo agrietado. Alzo la vista. Más allá de las últimas vías, sobre el relieve de cemento, ladrillo, cableado y hierro, humea una de esas chimeneas kilométricas -la única en uso, curiosamente, que he visto en todo el país- haciendo de antorcha, de llama eterna de aquella doctrina que no podía fallar.
Amenaza con llover y es hora de partir. Embaucado décadas atrás, me resigno a volver en mí. Al girar sobre mi planta, doy con dos hombres que, armados de sus equipos fotográficos, aguardan, a mi altura, en el extremo de sendos andenes. Aún por sorprender, permanezco en silencio, expectante, como un cumpleañero que se huele su regalo. Surge de la nada un sordo zumbido rítmico. Y, de súbito, inesperadamente cerca, una clásica “cocodrilo” de color caqui arrastra orgullosa, triunfal, una interminable cola de vagones de los DR, los ferrocarriles de la era nazi y de la Guerra Fría, repletos de manos de nostálgicos entusiastas agitándose por las ventanillas.

Saliendo hacia Leipzig, una tormenta de época se cierne y descarga sobre la ciudad como si fuera el telón de esta sorprendente representación ‘transtemporal’.

EL PAÍS, sábado, 28 de diciembre de 2003; suplemento "El viajero".
27/03/2005 07:18 Enlace permanente. Tema: Mi mochila y yo No hay comentarios. Comentar.

Intro al álbum fotográfico de Argentina

"Llego a Buenos Aires, y resultó ser una capital de 12 millones de cabezas, un tercio del país en un 0,16% de su superficie. Llego a Argentina, y resultó ser el octavo país del mundo en extensión, casi tan largo como Chile, pero en vez de "caerse al mar", los boludos tienen cientos de kilómetros de planicie inhóspita, parece que sólo para joder al vecindario. Para argentinos, basta con la ciudad. Para ver su geografía, hay que alejarse hasta parajes insospechadamente inhóspitos. Si se encuentran lugareños, y no son porteños, otro nuevo horizonte se abre en la mente viajera sin lugar para la confusión, aunque se hará saber: no tardarán en desmarcase del resentido, engreído y chamuyador capitalino. Debería haber algún tipo de ley que prohibiera gobernar tierras tan extensas. Y es que Buenos Aires es una capital con poco país, en el sentido más humano, y diría que a su alrededor se abre un país sin una capital. Argentina, el resto, no es ni tango, ni estrés, ni cartoneros, ni mendigos ni polución desmesurada (fútbol, sí). Sufre la miseria del olvido y el estancamiento, a lo que se sobreponen gustosamente las "zonas desfavorables", que no desfavorecidas, pues cada habitante cobra un subsidio, muchas de ellas coincidentes con destinos de turismo diverso. En el SXIX se fumigaron las Pampas y se erradicó a la indiada. Total, para establecer un raquítico 12 como número total de habitantes por kilómetro cuadrado, tasa que en algunos lugares no llega ni a la unidad. El 87% de los 36 millones de argentinos vive en ciudades, con lo que quedan más de cinco Españas para 4 millones de habitantes. Así pues, no se verá mucha humanidad, pero he aquí lo más vistoso, que es mucho, de este pequeño compendio de planeta cuyo 99,83% tanto nos preocupa".
27/03/2005 06:31 Enlace permanente. Tema: Mi mochila y yo No hay comentarios. Comentar.


Plantilla basada en http://blogtemplates.noipo.org/

Blog creado con Blogia. Derechos de autor con . Estadísticas. Suscribir RSS. Admin.
Blogia apoya: Fundación Josep Carreras; Emprendedor ven a Iniciador Aragón.